A la campaña de Obama!!!

Ya ha llegado el momento. En unas horas me uno a la campaña de Obama. Van a ser unos días, no me cabe la menor duda, increíbles a la par que extenuantes. Llamadas de teléfono, canvassing en diferentes estados, escritura, social media activities…. Si cuando fui voluntaria de Obama en el 2008 aprendí en 10 días lo equivalente a varias carreras y másters, lo de ahora viene a ser mi doctorado en esto de campañas electorales presidenciales.

Os iré informando de todo. Deseadme suerte!

 

 

 

Dejar un comentario

Archivado bajo Campañas electorales

Para los verdaderos héroes, ahora comienza la batalla

Esto es luchar. Esto es vencer. Esto es no rendirse. Esto es desafiar a las adversidades.  Esto es no conformarse. Esto es valentía. Esto es coraje y determinación. Esto es marcarse metas y alcanzarlas. Esto es marcarse nuevos retos y conseguirlos. Esto es decir no a todos aquellos que te dicen que no podrás. Esto es decir sí a todos aquellos que te animan. Esto es no tener miedo a soñar. Esto es dar ejemplo. Esto es dar esperanzas. Esto es generar ilusión.

Esto es ser un auténtico héroe.

Muchas gracias de todo corazón a todos ellos y a todas ellas.

Dejar un comentario

Archivado bajo comunicación, liderazgo, marketing, publicidad

Rigor

En la semana en que el Gobierno de España adopta el paquete de medidas de austeridad más draconiano de la historia de la democracia.

La semana en que hemos visto cómo se vilipendia y castiga a territorios que están haciendo los deberes, cómo se fustiga sin más a sectores económicos estratégicos y cómo se merman nuestras posibilidades de desarrollo.

La semana en que el sector cultural ha sido atacado (aunque algunos lo duden: la cultura es clave para la dinamización económica).

La semana en que se ha lanzado una reforma electoral encubierta y se ha puesto en marcha un plan para recentralizar España a través de las Diputaciones.

La semana, en resumen, en que hemos recibido pruebas fehacientes de que ya no estamos al borde del precipicio sino cayendo inexorablemente al abismo.

En esta semana ha habido gente en este país cuyo único interés parece haber sido debatir sobre el coeficiente intelectual de Andrea Fabra.

Quiero que quede claro: el comportamiento de esta señora me parece lamentable, antidemocrático y contrario a las más mínimas y elementales normas de educación. Decir que no tendría que haber dicho lo que dijo me parece tan obvio que no merece mayor apunte. Y que encima ni siquiera haya pedido perdón y haya ido de víctima me resulta, por decirlo suavemente, surrealista.

También quiero que quede claro: desgraciadamente, los exabruptos y los insultos son habituales en el Congreso y no todos proceden del PP. Tuve la ocasión de escuchar una vez a una persona de otro grupo político que hasta se  jactaba por lanzar improperios altisonantes en medio de la Cámara. Y, lo que era peor, las personas que estaban escuchando tal despropósito en aquella conversación incluso lo aplaudían exaltadamente.

Esto de “si es de los míos, no importa” y “si lo han hecho los demás, ensañémonos” me resulta insufrible e hipócrita. Los insultos son siempre reprobables, siempre. Aquí no vale el doble rasero.

Tercera idea: que en medio de la que está cayendo haya quien tan sólo esté preocupado por salvar los muebles, lanzar mensajes incendiarios en Twitter e intentar convencer al personal de que la situación actual es fruto tan sólo de las decisiones adoptadas en los últimos meses,  me produce repugnancia.

Que en medio de la que está cayendo se pida al líder de la oposición “confrontación” en los términos que se le pidió, me produce hastío.

Y que haya alguien que piense que, porque en mayo del 2010 se aplaudió menos, las medidas que se adoptaron entonces fueron menos dolorosas, me produce consternación (sí, también se aplaudió; el vídeo está en Youtube por si lo quieren comprobar).

Simplemente enarbolando la bandera de “nosotros somos malos pero los otros más” no (insisto, no) se ayuda a España a salir de la crisis.

Para acabar: que estamos en una situación que tan solo se puede describir como de emergencia, no se puede poner en duda. Lamentablemente, creo que hay muchas personas en el Congreso (no todas, afortunadamente) que no son conscientes de la gravedad extrema por las que estamos pasando.

Frente a tal situación hay que tomar decisiones más que difíciles. Esto no quiere decir que nos agrade el paquete de medidas que ha impulsado el Gobierno. Yo, de hecho, soy muy crítica con muchas de las medidas que ha adoptado en esta semana el gobierno del Sr. Rajoy, porque creo que no ayudarán a generar crecimiento y que agravaran muchos problemas más que resolverlos. Ahora bien, defiendo que ahora más que nunca se necesitan debates de verdad. Debates en profundidad. Con argumentos, con ideas, con datos, con rigor y responsabilidad.

Sobre todo, con responsabilidad.

Dejar un comentario

Archivado bajo liderazgo

Si no crecemos, no pagamos (Parte I)

La primera reacción a bote pronto al escuchar la miríada de obligaciones que nos imponía la Troika como contrapartida por el rescate a la banca (y que Rajoy leyó ayer disciplinadamente, ejerciendo de portavoz de los designios de Europa), fue de angustia y ciertos síntomas de ansiedad.

Durante una hora y siete minutos (lo que duró el comunicado del Presidente, que no discurso), España entera contuvo la respiración mientras se desgranaban medias como la subida del IVA, el recorte de sueldo a los trabajadores públicos, la rebaja de las prestaciones por desempleo, la reducción de ayudas a la dependencia, la eliminación de concejales municipales y el refuerzo (eso sí) de las Diputaciones.

Es, de hecho, el plan de austeridad más draconiano que se ha impulsado en los últimos treinta años. Un plan diseñado con el objetivo de reducir el déficit público en 65.000 millones de euros de aquí al 2014 e intentar llegar así al 3% de déficit que nos exige Europa.

Quiero que quede claro: que estamos viviendo desde hace ya bastante tiempo en una situación de emergencia nacional es algo que nadie puede poner en duda. Llevamos ya cinco años de crisis entre recesiones y estancamientos económicos (de hecho, ésta será la primera vez que España experimenta dos años seguidos de recesión desde los tiempos de la dictadura; la situación entre 1957 y 1958 es el antecedente más directo). Además,  el paro ha llegado al 24,4% y no tiene visos de reducirse a corto plazo, nuestra competitividad en términos generales está por los suelos, toda una generación de jóvenes españoles está hundida y el sistema financiero español (“gracias” a Bankia et al) requiere de un tratamiento de choque y sin anestesia.

Por si esto no fuera poco, según datos del Banco de España, la fuga de capitales es ahora la mayor registrada desde 1990 (cuando comenzó el recuento).

La situación, insisto, es crítica. Y lo que es aún peor: desgraciadamente, no hemos tocado fondo. La OCDE se encargaba este mismo martes de darnos un primer anticipo de lo que viene. Coged aire: según sus estimaciones, el paro subirá al 25,3% en el 2013, el PIB se contraerá un 1,6% este año y un 0,8% el que viene, y el consumo privado caerá un 2,9% en el 2012. Ahí es nada.

Dado lo dramático de la situación, entiendo que no estemos en situación de escoger entre opciones deseables y nos tengamos que conformar con la menos mal de entre opciones directamente nefastas.

Ahora bien, ¿cuál es realmente la opción menos mala?

Primer apunte. Lo que se está haciendo con España es una intervención. A nadie se le escapa que nos están dictando los pasos y fiscalizando su implementación. Es cierto que no es una intervención “a la griega”, porque Europa no se puede permitir inyectar tanto dinero (España, nos lo creamos o no, es la cuarta economía de la Unión), pero las visitas de inspección trimestrales y el establecimiento de mecanismos directos de control por parte de la Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y FMI) no dejan lugar a la menor duda.

No es de extrañar que lo hagan: al fin y al cabo, nos acaban de prestar 100.000 millones para tapar los agujeros de algunos de nuestros bancos y quieren asegurarse de que se destinan correctamente. (Por cierto, gracias a la transparencia de los holandeses, sabemos que este préstamo se realizará en un primer tramo -30.000 millones- a finales de este mes, un segundo tramo -45.000 millones- en noviembre; el resto creo que todavía no tiene fecha).

Segundo apunte. Hay algunas cosas que nos exige Europa (y de las que hablaré más adelante) con las que estoy de acuerdo. Pero que Europa asuma su parte de culpabilidad en todo este embrollo, porque también la tiene. Y, sobre todo, que Europa también comience a aplicarse dosis de penicilina en forma de reformas institucionales, porque, o lo hace (y lo hace pronto), o nos hundimos todos. Insisto: todos. Ja, Frau Merkel, Sie auch! (Sí, Sra. Merkel, usted también).

Recordemos que Europa incurrió primero en un error mayúsculo de diagnóstico, al creer que todo nuestro problema se debe –única y exclusivamente- a una abultada deuda pública y al asumir que los “mercados” leen el BOE a diario y encima se saben de memoria nuestra Constitución.

Pues bien, miremos los datos: según resumía un artículo de “The Economist” ayer, en el 2007 España tenía superávit y su deuda total era del 26% del PIB cuando la de Alemania era del 65%. El año pasado, además, la deuda pública española seguía siendo menor que la alemana.

Otro dato más que relevante: la deuda total del Estado Español es ahora del 270% del PIB. Menos de un tercio corresponde a la deuda pública. En cambio, dos tercios son de los bancos, las empresas y las familias. Deuda privada. ¡Esto es una crisis de deuda privada!

Además de en el error de diagnóstico, Europa aplicó desde el principio un corolario de respuestas a cada cual menos útil. Europa respondió tarde, respondió mal, y en ningún momento hizo autocrítica y asumió que quizás no funciona como debería hacerlo. Porque, lisa y llanamente, hasta que no reformemos los Estatutos del Banco Central Europeo y éste empiece a funcionar como lo hace la Reserva Federal Americana o el Banco de Inglaterra (es decir, en cuanto los especuladores hacen que los bonos estatales lleguen a un tope de interés, el Banco sale a comprar la deuda y se acabó la tontería), aquí no hay nada que hacer.

España, por muchas medidas que adopte, no logra calmar a los mercados y no, bajo ningún precepto, no podemos seguir colocando eternamente los bonos al 7%. Es cierto: después de que el gobierno anunciara las medidas el miércoles, el bono bajó a 6,5%, pero hoy estaba nuevamente en el 6,65%.

Por tanto, blindarnos frente a ataques especulativos masivos que no responden a ninguna lógica racional, ni se apaciguan con nada (como estamos comprobando), debe ser una prioridad para Europa.

Tercer apunte. Sobre el tema de discusión más encendido en las últimas 48 horas: la subida del IVA. Vayamos por partes. A falta de poder devaluar nuestra moneda, el único remedio que nos queda es devaluar internamente nuestra economía para ganar competitividad. En eso -la necesidad de devaluación interna – creo que está todo el mundo de acuerdo (hasta Krugman lo está).

El tema es cómo conseguir devaluarla. Además de la bajada de sueldos a través de Reformas Laborales y EREs (Krugman es un defensor de esta vía), la troika ha optado por una solución que, a corto plazo, acarrea enormes costes sociales y merma cualquier capacidad de desarrollo económico: subir los impuestos al consumo y bajarlos a la renta. Es decir, subir el IVA y bajar las cotizaciones a la Seguridad Social. O, dicho en jerga técnica, hacer una “devaluación fiscal” – una idea que propusieron en diciembre del 2011 dos profesores de Harvard, Emmanuel Fahri y Gita Gopinah, y otro de Princeton, Oleg Itskhoki.

Una idea que ahora aplicará el gobierno de Rajoy, al subir el tipo general del IVA del 18% al 21% y rebajar las cotizaciones sociales (un 1% este año y otro 1% el año que viene).

Prestigiosos economistas como Luis Garicano (profesor de la London School of Economics) son defensores de esta estrategia. El catedrático de Economía de la Universidad de Columbia, Xavier Sala-i-Martín, es de hecho un auténtico entusiasta y resume bien la principal idea de esta propuesta en un post de su blog:

“se puede conseguir el mismo que una devaluación monetaria (es decir, encarecer las importaciones y abaratar las exportaciones) haciendo un cambio de impuestos: subida gigante del IVA y reducción gigante de las cotizaciones salariales. Al subir el IVA, se encarecen todos los productos, los producidos por las empresas españolas y los producidos por empresas extrajeras. Pero como las empresas exportadores reembolsan el IVA, de facto, el aumento del IVA encarece las importaciones sin encarecer las exportaciones. Al reducir las cotizaciones sociales al mismo tiempo, se abaratan los costes SOLO de las empresas españolas lo que les permite reducir precios a los exportadores. De este modo, la “devaluación fiscal” consigue el objetivo de encarecer los productos extranjeros y abaratar los españoles, exactamente igual que la tradicional “devaluación monetaria”.

 

¿Suena bien, verdad? Hay otros argumentos para sustentar esta “a priori” buena idea. Como explicó Ramón Mateo, de Politikón, en un excelente post (“Una devaluación fiscal para España”), Alemania lo hizo en el 2007 y le salió bien (subió el IVA del 16% al 19% y redujo las cotizaciones sociales del 6,5% al 4,2%); además este “cocktail” es la medida que aplican las admiradas economías nórdicas (Finlandia sería el caso paradigmático).

Ahora bien, siendo ecuánimes, la realidad española no es la de Alemania en el 2007 y ya me gustaría a mí que viviésemos como en Finlandia (con nuestro clima, eso sí). Además, hemos de tener en cuenta que la anterior subida del IVA (la que impulsó Zapatero) no tuvo la respuesta esperada en términos de incrementos de la recaudación y sólo incrementó en un 0,5% los ingresos del Estado por la contracción del consumo.

Y es que, en contextos de recesión aguda como la que estamos viviendo, una subida del IVA no tiene porqué responder como esperan los teóricos.

Hay un factor, además, el más importante de todos, que no niega ni el propio Sala i Martín (insisto, un auténtico fan de la “devaluación fiscal”): a corto plazo, esto deprimirá aún más nuestra economía. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ya ha hecho público que la subida del tipo general del IVA del 18% al 21% supondrá de media un aumento de gasto de unos 415€ por familia al año. La Comisión del Turismo ha anunciado que le costará 2.000 millones este año al sector y se calcula que se comprarán 25.000 coches menos tan solo en lo que queda de 2012.

Por no decir las consecuencias que tendrá este aumento sobre las administraciones públicas. Tan sólo en Cataluña, y según informó ayer el Conseller de Economía, Andreu Mas-Colell, la subida le costará a la Generalitat 100 millones de euros anuales. En el Ayuntamiento de Barcelona, la cifra podría ser de 42 millones de euros. Dinero, todo él, que se irá a partir del 1 de agosto (cuando entre en vigor la subida del IVA) directamente a la Administración Central del Estado.

Mañana seguimos con más. 

Dejar un comentario

Archivado bajo comunicación

Un triunfo histórico que puede acabar en derrota electoral

Al conocer la noticia, Obama se ha puesto eufórico. Algunos de sus asesores, sin embargo, se han llevado las manos a la cabeza. Y no precisamente para expresar su alborozo y júbilo al conocer que la Corte Suprema de los Estados Unidos declaraba que la reforma sanitaria que aprobó el Presidente hace ya dos años es constitucional. Más bien, todo lo contrario.

A pesar de la incongruencia, todos tenían motivos para justificar sus estados de ánimo.

El hombre que ha hecho historia

El Presidente Obama tenía motivos de sobra para dar saltos de alegría. Y no ha ocultado ni un ápice su satisfacción y orgullo cuando, minutos después de conocerse la noticia, ha comparecido ante los medios. con una flamante sonrisa ha sentenciado que “lo de hoy es una victoria para todas las personas de este país”.

Desde luego, mirando los datos, es un triunfo histórico.

Estados Unidos es el país que más gasta en sanidad de todo el mundo. Cada año se gasta 2,6 trillones de dólares (8.402 $ por persona), lo que representa el 17,9% de toda la economía americana.

♦ Ahora bien, tiene uno de los sistemas sanitarios más ineficientes de entre los países desarrollados: de los 34 miembros de la OCDE, es el número 31 en cobertura sanitaria a la población. Porque, de los más de 310 millones de estadounidenses, 50 siguen sin tener seguro médico. 

 Esto es más que una fría estadística. Se calcula que 45.000 estadounidenses mueren cada año por no tener un seguro médico. 

La reforma sanitaria de Obama (el “Obamacare”), que fue aprovada por el Presidente el 23 de marzo del 2010 después de una de las batallas políticas más encarnizadas que se recuerdan, tampoco es que fuera la panacea. Pero suponía un paso adelante muy importante: preveía ampliar la cobertura sanitaria a 30 millones de personas (20 millones seguirían sin). ¿Cómo? La ley establece la creación de una especie de “aseguradoras público-privadas” donde las familias con rentas de hasta 90.000$ al año podrán adquirir seguros a precios subvencionados por el gobierno. Además, todas las familias con rentas inferiores a 30.000$ (el 133% del umbral de pobreza en EUA) pasarán a beneficiarse del “Medicaid”.

Los avances no se detienen ahí. El “Obamacare” pone fin a prácticas injustas por parte de las aseguradoras privadas. Por ejemplo, en estos momentos, muchas aseguradoras se niegan a cubrir a mujeres que hayan tenido una cesárea o que hayan sido víctimas de la violencia de género. Por no decir que es una práctica común que las mujeres paguen más por sus seguros que los hombres simplemente por el hecho biológico de ser mujeres (hasta un 150% más). Todo esto será prohibido, y con toda la razón del mundo, cuando la ley entre completamente en vigor en el 2014 (de momento sólo se están aplicando algunas cláusulas).

La reelección en juego

Si la Ley de la Reforma Sanitaria supone un paso adelante, ¿por qué algunos asesores de Obama están tan preocupados?

Bien, la razón principal es que la ley incluye los denominados “individual mandates”. La mayoría de los estadounidenses están “obligados” a adquirir un seguro médico de aquí al 2014. Si no lo hacen, tendrán que pagar una sanción. En el 2014, la sanción será de 95 $ o el 1% de los ingresos (cualquiera que sea mayor). En el 2016, será de 695$ o el 2,5% de los ingresos. Los inmigrantes ilegales, los más pobres, los indios americanos, algunos grupos religiosos y los presos estarán exentos de pagar esta “multa”.

La constitucionalidad o no de estos “individual mandates”, de hecho, era hoy uno de los grandes puntos en juego. Los republicanos llevan dos años bramando que son “impuestos” y que “limitan la libertad” de las personas, al no dejarles decidir libremente. Pero hoy la Corte Suprema (por 5 votos a favor y 4 en contra) ha dicho que, política aparte, sí son constitucionales.

Más allá de las implicaciones prácticas que estos “mandates” tendrán, la batalla política está servida. Y las posibilidades de que Obama sea reelegido están en juego. Según una encuesta de Ipsos para Reuters hecha pública el domingo, el 61% de los estadounidenses se oponen a ellos y tan sólo el 39% están a favor. 

Pero, lo que es peor (para Obama): muchos estadounidenses remiten su aprobación de la ley en su conjunto a este punto específico. Porque, de hecho, parece ser que es uno de los pocos aspectos de la ley que conocen.

Diferentes encuestas ofrecen un panorama desolador para los que confiaban hoy que la aprobación de constitucionalidad de la ley supondría un salto adelante en las posibilidades de Obama de ser reelegido:

 Cuando la ley fue inicialmente aprobada (en el 2010), el 60% de los estadounidenses se mostraban contrarios a ella. La gran mayoría era porque la consideraban “poco ambiciosa”. Hay que apuntar, no obstante, que el 52% reconocían en aquel momento que “no tenían suficiente información sobre cómo la ley les iba a afectar”.

♦ A día de hoy, esta tendencia de opinión se mantiene intacta. Aunque una aplastante mayoría (más del 80%) reconoce estar totalmente a favor de poner fin a las prácticas discriminatorias de las aseguradoras, y aprueban otras medidas concretas contempladas en la ley el 56% de los norteamericanos siegue en contra de la reforma sanitaria.

 Lo más preocupante para Obama: el 73% de los que se consideran políticamente “independientes” (y que tienen la llave de las elecciones) también se oponen al Obamacare. La mitad porque consideran que atenta contra la libertad de las empresas; la otra mitad considera que la ley no servirá para atajar el problema de la sanidad y que sus propuestas se han quedado excesivamente cortas.

Los asesores de Obama tenían razón al llevarse las manos a la cabeza.

Dejar un comentario

Archivado bajo Campañas electorales, Lecciones del Ala Oeste de la Casa Blanca, liderazgo

La guerra de los sesenta segundos (y los mil millones de dólares)

El martes Mitt Romney consiguió (ahora sí, definitivamente) la nominación republicana para luchar por la Casa Blanca. Bien, ya tenemos rival oficial de Obama, y desde luego las cosas, de momento, no pintan del todo bien para el Presidente. Según diversas informaciones del Washington Post:

♦La semana pasada, Gallup daba un empate entre Obama y Romney. Ambos conseguirían el 46% de votos en estos momentos.

♦Aún peor: según una encuesta hoy de NBC News/Marist, ambos están empatados en tres estados clave: Iowa, Colorado y Nevada. Recordemos que Obama consiguió estos tres estados en el 2008 (aunque, todo hay que decirlo, George W. Bush también los consiguió en el 2004). Dato interesante de la encuesta: los entrevistados consideran que “lo peor de la crisis económica ya ha pasado”, pero cree que el país sigue yendo por el mal camino y se observa una ligera ventaja de Romney en temas económicos.

♦Más malas noticias: la semana pasada, otra encuesta de Marist tan sólo otorgaba una ligerísima ventaja a Obama en otros tres estados también claves: Florida, Ohio y Virginia.

Su rival, desde luego, no se lo va a poner fácil a Obama. Además, como bien decía Winston Churchill, “hay que distinguir entre los rivales y los enemigos”. Y el enemigo más peligroso a día de hoy del Presidente no está haciendo mítines, ni saliendo en la televisión, ni acaba de ganar la nominación republicana.

De hecho, es publicista y se llama Larry McCarthy. A su haber: fue el cerebro del spot sobre Willie Horton que encumbró a Bush padre en 1988. El Sr. McCarthy ha unido sus fuerzas con Karl Rove, el genial estratega republicano que orquestó las victorias de George W. Bush y que todavía a día de hoy, mal que nos pese, es una de las mentes más brillantes que hay en el tablero de juego político norteamericano.

Sin duda conforman el “dream team” de los asesores de campaña y, por ende, la pesadilla más temida por el equipo rival. Su gran fuerza: son auténticos genios de la comunicación política. Verdaderos titanes. Nada de groserías altisonantes si no vienen a cuento, ni mucho menos gritos histéricos o comentarios zafios. Su método es más sibilino, pero mucho más letal. Se trata de clavar una pequeña y aparentemente inocua, aunque mortal, aguja directamente en la yugular. Vaya, que más que vociferar arengas radicales, estos dos son capaces de administrar cicuta con una sonrisa.

Sus otras dos grandes bazas (sobre todo de Rove): en estrategia es buenísimo y en captación de fondos, aún mejor. No hay dato, por nimio que parezca, que se le escape. Escudriña encuestas con ojo avizor y, en donde otros no ven más que cifras inconexas, él sabe destilar información y construir hojas de ruta exitosas. Tanto se fía de la investigación que ni una sola palabra se puede escribir de un script sin que se haya antes diseccionado a la perfección la psique de los votantes potenciales. Que siempre hay demasiado en juego y nada puede fallar.

El problema para Obama (por añadir otro), es que Rove y McCarthy vienen con las pilas cargadas y las alforjas llenas y no han titubeado un solo segundo a la hora de destinar la astronómica cifra de mil millones de dólares para destronar a Obama. (Puntualizo: mil millones sólo en publicidad).

El miércoles pasado días se lanzó un primer “media blitz” en 10 estados clave con un anuncio más que interesante: “Basketball”. El anuncio en sí y su lanzamiento costaron 25 millones de dólares.

Que Obama es un político que despierta simpatías es algo de sobras conocido (cae bien incluso a muchos republicanos). Por tanto, atacarle por el mero hecho de atacarle podría resultar contraproducente para los republicanos, porque podría desencadenar un sentimiento de solidaridad hacia el Presidente. Además, no hay que hacer ningún sondeo de opinión para saber que los norteamericanos están más que hartos del tono excesivamente negativo que está presidiendo esta campaña.

Ahora bien, los republicanos tenían que echarle en cara al Presidente muchos (supuestos) errores de su administración para que la opinión pública se centrara en que “Obama no ha estado a la altura de todas las expectativas que generó y, por tanto, me ha decepcionado” en vez de pivotar entorno a la frase “Mitt Romney no me gusta”.

 

Dejar un comentario

Archivado bajo Campañas electorales, comunicación, Lecciones del Ala Oeste de la Casa Blanca, liderazgo, marketing, publicidad

La esperanza y la cautela

Hace muchos años el ex Presidente francés Jacques Chirac comentó que “muchos son los que conocen al perro labrador que tenía Mitterrand pero pocos son los que conocen a François Hollande”. Quizás fue esto cierto cuando Chirac pronunció esa frase (insisto, hace muchos años), pero seguramente ayer los miles de jóvenes que se amontonaban en la Plaza de la Bastilla y enfrente de la Rue de Solferino (sede del Partido Socialista francés) no tenían ni idea de que Mitterrand tenía un perro y en cambio coreaban enfervorecidos “François Président! François Président!”. Cómo cambia la historia en poco tiempo.

La anécdota tiene su miga, por aquello de las ironías del destino, y también porque ayer la figura de François Mitterrand estaba en la mente de muchos. Al fin y al cabo, Hollande será el primer socialista que ocupe la Presidencia desde los tiempos de Mitterrand (quien llegó al poder el 1981 y fue reelegido en 1988). Desde el 1995, con la elección precisamente de Jacques Chirac, la derecha era el único inquilino del Palacio del Elíseo. De hecho, Nicolás Sarkozy se ha convertido en el primer Presidente que no gana la reelección precisamente desde que Valéry Giscard d’Estaign perdió en 1981 (precisamente contra Mitterrand).

Dado tales antecedentes históricos, era comprensible la explosión de euforia que se vivió entre las 300.000 personas que se agolpaban en la Plaza de la Bastilla a las 20:01 h cuando los resultados de los sondeos a pie de urna se hicieron públicos y quedó claro que François Hollande iba a ser el próximo Presidente de la República (en Francia, por cierto, no esperan al escrutinio final de votos para cantar victoria, ni para reconocer la derrota; con el sondeo ya les vale).

Se destapó entonces la alegría generalizada y, en medio del aluvión de adrenalina, pocos eran los que parecían darse cuenta de un hecho que puede poner al Partido Socialista en aprietos más adelante: más allá del 53% de voto que le otorgó el sondeo en cuestión, finalmente Hollande sólo consiguió el 51,7% (frente al 48,3% que recabó Sarkozy). Una victoria, sí, pero “très serrée”, demasiado ajustada. A mediados de junio, Francia está otra vez convocada a las urnas, esta vez para las elecciones legislativas que formarán el Parlamento. Hollande tiene aquí su primer gran test electoral y, de momento, una victoria tan escasa ayer no le asegura una mayoría parlamentaria el mes que viene.  Por tanto, la alegría hay que atemperarla.

¿Ha ganado Hollande o ha perdido Sarkozy?

Hay otra cuestión que también surgió ayer: ¿ha ganado el ganador por méritos propios o porque el perdedor se lo ha puesto fácil? ¿Dónde ponemos el peso de la frase: en que Hollande ha ganado o en que Sarkozy ha perdido?

La prensa internacional (tanto de derechas como de izquierdas) se ha decantado por lo segundo. Todos de hecho apuntan a que Sarkozy se convirtió ayer en el noveno líder europeo cuya cabeza corta sin piedad la crisis económica. Es cierto, como apuntó ayer “The Guardian”, que este hecho no deja de ser irónico, dado que precisamente Sarkozy intentó hacer de la necesidad virtud y convirtió su gestión de la crisis en su principal exponente electoral (hasta la primera vuelta de las elecciones). De hecho, es una estrategia que venía ensayando ya desde los tiempos de aquel discurso famoso en Toulon donde incluso se auto-proclamó como el “refundador del capitalismo”.

Sarkozy reconoce su derrota delante de sus seguidores. Ha anunciado que deja la política

Sarkozy intentó vender que él no había generado la crisis, y que encima había sido el parapeto de sus más nefastas consecuencias. Y recordó hasta la saciedad que, a pesar de la volatilidad e inestabilidad de la situación, el país había sido capaz de salir del atolladero y que había vuelto al crecimiento (aunque, todo hay que decirlo, con tasas raquíticas: un 1,38% en el 2010 y un 1,71% en el 2011). Ahora bien, hay una letanía de cifras que no dejaban lugar a un mero ejercicio de “spin”: 10% de paro, la deuda pública es del 90% del PIB y tienen el mayor déficit por cuenta corriente en términos nominales de toda la zona euro.

Por si todo ello no fuera poco, hay otro elemento que hay que tener muy en cuenta:

Según “Le Monde”, el 55% de los que votaron ayer a Hollande lo hicieron motivados por “borrar a Sarkozy de la vida política”. El 45% restante de sus votantes reconocieron que querían realmente que Hollande fuera Presidente.

Hay, como explica hoy la prensa francesa, un movimiento “anti-Sarkozy” muy extendido en el país. Un estado de opinión pública desfavorable a sus excesos y defectos, a la supuesta trivialidad con la que gestiona su vida privada y a la excesiva pompa engalanada y superficial con el que hasta ayer Presidente adornaba sus apariciones públicas. Los errores de verborrea, las salidas explícitas de tono y los insultos a propios y extraños, desde luego, no le ayudaron en lo más mínimo.Y es que, como hoy todos apuntan, esta imagen sumamente desfavorable tiene un único culpable: el propio Sarkozy.  El hasta ayer Presidente de Francia ha pasado en pocos años de encarnar la esperanza a ser vilipendiado sin piedad. Recordemos que cuando fue investido Presidente hace cinco años, Sarkozy disfrutaba de una cómoda tasa de aprobación del 60%. Y recordemos también que fue encumbrado a la Presidencia porque había sabido vender una “rupture” respecto a lo acontecido con otros inquilinos del Elíseo. El país quería entonces un cambio, como lo quieren ahora, y Sarkozy lo supo representar. Su problema es que no supo entender las fronteras de ese “cambio”: los franceses demandaban más substancia al Presidente y Sarkozy, erróneamente, entendió de motu propio que eso implicaba un radical cambio de estilo.

Sarkozy en su campaña de 2007. Su popularidad era del 60%

Un cambio de estilo que él mismo personificó en las elecciones del 2007 cuando apareció montando un caballo llamado “Universo” en la zona de la Camarga vistiendo la preceptiva camisa de cowboy y  una gafas de aviador.

Había nacido “Super Sarko”: un hombre dinámico, que buscaba la acción, que no se amedrentaba y que tenía adrenalina a raudales. Él no se pensaba quedar confinado en los abigarrados salones del Palacio Presidencial deleitándose en el arte de “dolce fare niente”. No, aquel modelo de “rey gandul”, expresión que él mismo empleó para describir a sus predecesores en el cargo, a él no le iba en los más mínimo.

El problema es que aquel “Super Sarko” implicaba una versión no tan idílica. El mismo día de las elecciones del 2007 se fue a cenar con sus amigos multimillonarios a Fouquet’s, uno de los restaurantes más lujosos de París. Días más tarde, y con la “excusa oficial” de descansar después de la campaña, se fue de vacaciones en el yate “La Paloma”, propiedad de Vicent Bolloré, unos de los hombres de negocios más ricos de Francia.

A partir de ahí, ambas versiones de Sarkozy no se podían deslindar: estaba el político todoterreno que dejó en un segundo plano al Primer Ministro François Fillon y asumió él mismo una agenda vertiginosa de cambios estructurales; y estaba el “von vivant” desenfrenado cuya propensión al lujo era palpablemente obvia. Sarkozy, al final, acabó pareciendo una caricatura del superhéroe que se había creado para sí mismo.

¿Era aquella la mejor imagen de la “grandeur” de Francia que tan bien había encarnado Charles de Gaulle y que los franceses esperan de su Presidente? Obviamente, no. Y este hecho le ha pasado una factura política enorme.

El nombre normal que quiere representar la “grandeur”

Consciente de que uno de los principales hándicaps de su oponente era precisamente su estilo grandilocuente, François Hollande se ha posicionado en esta campaña en el extremo opuesto: ha repetido hasta la saciedad que es un hombre normal que buscaba una Presidencia normal. Se acabaron las estridencias y los excesos: ése ha sido uno de los principales mensajes de la campaña del socialista. Y no se refería sólo al terreno de la imagen personal.

Hollande, es cierto, es un hombre de una normalidad absoluta, en el sentido que no se le conocen grandes logros ni ha destacado hasta la fecha por grandes hazañas. De hecho, hasta hace un par de años, resultaba un personaje un tanto desdibujado que ofrecía una imagen de bonhomía con su figura rolliza, sus mofletes rosados y su voz atemperada.

Ahora bien, una vez Strauss-Kahn fue apartado de la carrera presidencial acusado de acoso sexual por una camarera de un hotel de Nueva York, Hollande aprovechó la oportunidad de hacerse con el puesto de “frontrunner” socialista. Con una nueva imagen (al parecer, recomendada por su compañera sentimental, Valéry), demostró a propios y a extraños (y a todos aquellos que no daban un duro por él) que tenía un olfato político y una capacidad táctica superior a la que muchos esperaban. Así, en las primarias francesas y contra pronóstico, logró vencer a todos sus oponentes.

Hasta cierto punto, Hollande personificó mejor que nadie su propio eslogan: “Le changement, c’est maintenant” (el cambio es ahora). Desde luego, era ahora o nunca.

El candidato socialista, François Hollande, se desplaza en tren a un acto de campaña para demostrar que él iba a ser “un Presidente normal”.

Comenzaba así un periplo acompañado de buenas encuestas y, sobre todo, con la voluntad de establecer una “alternativa clara” al modelo económico de Sarkozy (donde la crítica a la austeridad presupuestaria ha sido la norma y la palabra “crecimiento” debe haber sido la más citada). Y sobre todo, comenzaba el viaje hacia la “Presidencia Normal”, como él mismo la denominó. Ahí estaba el candidato socialista desplazándose en tren para acudir a algunos de sus actos en campaña para demostrarlos (rodeado, eso sí, de un aluvión de periodistas y cámaras de televisión).

Ahora bien, Hollande seguramente mejor que nadie sabia que la “normalidad” por sí sola podía ofrecer una imagen responsable pero no movilizar masivamente. Se necesitaba un acicate, un elemento detonador para hacer estallar el júbilo. Hollande sabía que necesitaba una retórica que animase a la participación y hasta un nuevo lenguaje verbal que le proyectase como “presidenciable”. Hollande no lo dudó: tenía que mimetizarse con su predecesor Mitterrand.

Hollande llegó hasta a copiar los gestos de Mitterrand en un intento por demostrar que los “hombres normales” podían tener fuste presidenciable

¿Sus continuas referencias a “Nous aurons besoin de toutes les forces de la France” (necesitaremos todas las fuerzas de Francia)? Calcadas de un eslogan de Mitterrand. ¿Su propensión a llamar a Sarkozy “le candidat sortant” (el candidato saliente)? Idéntica a la que empleaba Mitterrand para referirse a Giscard d’Estaigne. ¿Que Hollande haya querido hacer varios encuentros al día de pequeño formato con votantes? ¿Que el último mitin se pronunciase en Toulouse? Todo calcado de 1981.

 

Como el mismo Hollande ha reconocido “todo está inventado ya en política”.

2 comentarios

Archivado bajo Campañas electorales, comunicación, Hablar mejor en público, liderazgo, marketing