La primera reacción a bote pronto al escuchar la miríada de obligaciones que nos imponía la Troika como contrapartida por el rescate a la banca (y que Rajoy leyó ayer disciplinadamente, ejerciendo de portavoz de los designios de Europa), fue de angustia y ciertos síntomas de ansiedad.
Durante una hora y siete minutos (lo que duró el comunicado del Presidente, que no discurso), España entera contuvo la respiración mientras se desgranaban medias como la subida del IVA, el recorte de sueldo a los trabajadores públicos, la rebaja de las prestaciones por desempleo, la reducción de ayudas a la dependencia, la eliminación de concejales municipales y el refuerzo (eso sí) de las Diputaciones.
Es, de hecho, el plan de austeridad más draconiano que se ha impulsado en los últimos treinta años. Un plan diseñado con el objetivo de reducir el déficit público en 65.000 millones de euros de aquí al 2014 e intentar llegar así al 3% de déficit que nos exige Europa.
Quiero que quede claro: que estamos viviendo desde hace ya bastante tiempo en una situación de emergencia nacional es algo que nadie puede poner en duda. Llevamos ya cinco años de crisis entre recesiones y estancamientos económicos (de hecho, ésta será la primera vez que España experimenta dos años seguidos de recesión desde los tiempos de la dictadura; la situación entre 1957 y 1958 es el antecedente más directo). Además, el paro ha llegado al 24,4% y no tiene visos de reducirse a corto plazo, nuestra competitividad en términos generales está por los suelos, toda una generación de jóvenes españoles está hundida y el sistema financiero español (“gracias” a Bankia et al) requiere de un tratamiento de choque y sin anestesia.
Por si esto no fuera poco, según datos del Banco de España, la fuga de capitales es ahora la mayor registrada desde 1990 (cuando comenzó el recuento).
La situación, insisto, es crítica. Y lo que es aún peor: desgraciadamente, no hemos tocado fondo. La OCDE se encargaba este mismo martes de darnos un primer anticipo de lo que viene. Coged aire: según sus estimaciones, el paro subirá al 25,3% en el 2013, el PIB se contraerá un 1,6% este año y un 0,8% el que viene, y el consumo privado caerá un 2,9% en el 2012. Ahí es nada.
Dado lo dramático de la situación, entiendo que no estemos en situación de escoger entre opciones deseables y nos tengamos que conformar con la menos mal de entre opciones directamente nefastas.
Ahora bien, ¿cuál es realmente la opción menos mala?
Primer apunte. Lo que se está haciendo con España es una intervención. A nadie se le escapa que nos están dictando los pasos y fiscalizando su implementación. Es cierto que no es una intervención “a la griega”, porque Europa no se puede permitir inyectar tanto dinero (España, nos lo creamos o no, es la cuarta economía de la Unión), pero las visitas de inspección trimestrales y el establecimiento de mecanismos directos de control por parte de la Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y FMI) no dejan lugar a la menor duda.
No es de extrañar que lo hagan: al fin y al cabo, nos acaban de prestar 100.000 millones para tapar los agujeros de algunos de nuestros bancos y quieren asegurarse de que se destinan correctamente. (Por cierto, gracias a la transparencia de los holandeses, sabemos que este préstamo se realizará en un primer tramo -30.000 millones- a finales de este mes, un segundo tramo -45.000 millones- en noviembre; el resto creo que todavía no tiene fecha).
Segundo apunte. Hay algunas cosas que nos exige Europa (y de las que hablaré más adelante) con las que estoy de acuerdo. Pero que Europa asuma su parte de culpabilidad en todo este embrollo, porque también la tiene. Y, sobre todo, que Europa también comience a aplicarse dosis de penicilina en forma de reformas institucionales, porque, o lo hace (y lo hace pronto), o nos hundimos todos. Insisto: todos. Ja, Frau Merkel, Sie auch! (Sí, Sra. Merkel, usted también).
Recordemos que Europa incurrió primero en un error mayúsculo de diagnóstico, al creer que todo nuestro problema se debe –única y exclusivamente- a una abultada deuda pública y al asumir que los “mercados” leen el BOE a diario y encima se saben de memoria nuestra Constitución.
Pues bien, miremos los datos: según resumía un artículo de “The Economist” ayer, en el 2007 España tenía superávit y su deuda total era del 26% del PIB cuando la de Alemania era del 65%. El año pasado, además, la deuda pública española seguía siendo menor que la alemana.
Otro dato más que relevante: la deuda total del Estado Español es ahora del 270% del PIB. Menos de un tercio corresponde a la deuda pública. En cambio, dos tercios son de los bancos, las empresas y las familias. Deuda privada. ¡Esto es una crisis de deuda privada!
Además de en el error de diagnóstico, Europa aplicó desde el principio un corolario de respuestas a cada cual menos útil. Europa respondió tarde, respondió mal, y en ningún momento hizo autocrítica y asumió que quizás no funciona como debería hacerlo. Porque, lisa y llanamente, hasta que no reformemos los Estatutos del Banco Central Europeo y éste empiece a funcionar como lo hace la Reserva Federal Americana o el Banco de Inglaterra (es decir, en cuanto los especuladores hacen que los bonos estatales lleguen a un tope de interés, el Banco sale a comprar la deuda y se acabó la tontería), aquí no hay nada que hacer.
España, por muchas medidas que adopte, no logra calmar a los mercados y no, bajo ningún precepto, no podemos seguir colocando eternamente los bonos al 7%. Es cierto: después de que el gobierno anunciara las medidas el miércoles, el bono bajó a 6,5%, pero hoy estaba nuevamente en el 6,65%.
Por tanto, blindarnos frente a ataques especulativos masivos que no responden a ninguna lógica racional, ni se apaciguan con nada (como estamos comprobando), debe ser una prioridad para Europa.
Tercer apunte. Sobre el tema de discusión más encendido en las últimas 48 horas: la subida del IVA. Vayamos por partes. A falta de poder devaluar nuestra moneda, el único remedio que nos queda es devaluar internamente nuestra economía para ganar competitividad. En eso -la necesidad de devaluación interna – creo que está todo el mundo de acuerdo (hasta Krugman lo está).
El tema es cómo conseguir devaluarla. Además de la bajada de sueldos a través de Reformas Laborales y EREs (Krugman es un defensor de esta vía), la troika ha optado por una solución que, a corto plazo, acarrea enormes costes sociales y merma cualquier capacidad de desarrollo económico: subir los impuestos al consumo y bajarlos a la renta. Es decir, subir el IVA y bajar las cotizaciones a la Seguridad Social. O, dicho en jerga técnica, hacer una “devaluación fiscal” – una idea que propusieron en diciembre del 2011 dos profesores de Harvard, Emmanuel Fahri y Gita Gopinah, y otro de Princeton, Oleg Itskhoki.
Una idea que ahora aplicará el gobierno de Rajoy, al subir el tipo general del IVA del 18% al 21% y rebajar las cotizaciones sociales (un 1% este año y otro 1% el año que viene).
Prestigiosos economistas como Luis Garicano (profesor de la London School of Economics) son defensores de esta estrategia. El catedrático de Economía de la Universidad de Columbia, Xavier Sala-i-Martín, es de hecho un auténtico entusiasta y resume bien la principal idea de esta propuesta en un post de su blog:
“se puede conseguir el mismo que una devaluación monetaria (es decir, encarecer las importaciones y abaratar las exportaciones) haciendo un cambio de impuestos: subida gigante del IVA y reducción gigante de las cotizaciones salariales. Al subir el IVA, se encarecen todos los productos, los producidos por las empresas españolas y los producidos por empresas extrajeras. Pero como las empresas exportadores reembolsan el IVA, de facto, el aumento del IVA encarece las importaciones sin encarecer las exportaciones. Al reducir las cotizaciones sociales al mismo tiempo, se abaratan los costes SOLO de las empresas españolas lo que les permite reducir precios a los exportadores. De este modo, la “devaluación fiscal” consigue el objetivo de encarecer los productos extranjeros y abaratar los españoles, exactamente igual que la tradicional “devaluación monetaria”.
¿Suena bien, verdad? Hay otros argumentos para sustentar esta “a priori” buena idea. Como explicó Ramón Mateo, de Politikón, en un excelente post (“Una devaluación fiscal para España”), Alemania lo hizo en el 2007 y le salió bien (subió el IVA del 16% al 19% y redujo las cotizaciones sociales del 6,5% al 4,2%); además este “cocktail” es la medida que aplican las admiradas economías nórdicas (Finlandia sería el caso paradigmático).
Ahora bien, siendo ecuánimes, la realidad española no es la de Alemania en el 2007 y ya me gustaría a mí que viviésemos como en Finlandia (con nuestro clima, eso sí). Además, hemos de tener en cuenta que la anterior subida del IVA (la que impulsó Zapatero) no tuvo la respuesta esperada en términos de incrementos de la recaudación y sólo incrementó en un 0,5% los ingresos del Estado por la contracción del consumo.
Y es que, en contextos de recesión aguda como la que estamos viviendo, una subida del IVA no tiene porqué responder como esperan los teóricos.
Hay un factor, además, el más importante de todos, que no niega ni el propio Sala i Martín (insisto, un auténtico fan de la “devaluación fiscal”): a corto plazo, esto deprimirá aún más nuestra economía. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ya ha hecho público que la subida del tipo general del IVA del 18% al 21% supondrá de media un aumento de gasto de unos 415€ por familia al año. La Comisión del Turismo ha anunciado que le costará 2.000 millones este año al sector y se calcula que se comprarán 25.000 coches menos tan solo en lo que queda de 2012.
Por no decir las consecuencias que tendrá este aumento sobre las administraciones públicas. Tan sólo en Cataluña, y según informó ayer el Conseller de Economía, Andreu Mas-Colell, la subida le costará a la Generalitat 100 millones de euros anuales. En el Ayuntamiento de Barcelona, la cifra podría ser de 42 millones de euros. Dinero, todo él, que se irá a partir del 1 de agosto (cuando entre en vigor la subida del IVA) directamente a la Administración Central del Estado.
Mañana seguimos con más.
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