Llegó la gran cita. Hoy comienza el debate sobre el Estado de la Nación. El Presidente del Gobierno había reconocido que sería el debate más duro al que se iba a enfrentar en todos sus años de gobierno y la oposición lleva días afilando los sables. Saben que hoy todos se la juegan. No sólo Zapatero.
Debates como éste ocupan toda la agenda informativa del día: mucha gente los vé y mucha gente los comenta. Generan eco mediático y pueden incluso cambiar las intenciones de voto. Debates como éste pueden ser una plataforma o un fracaso. Por eso, nadie quiere fallar.
Este mediodía ya hemos visto al Presidente del Gobierno. Creo que, a pesar de que debe haberse preparado a conciencia y que habrá estado durante horas analizando hasta los más mínimos detalles, ha cometido fallos de comunicación que debería enmendar de cara al futuro:
1. La puesta en escena: fría. Zapatero llega al Congreso de los Diputados. Traje sobrio en gris oscuro y corbata salpicada con pequeñas motas blancas. Supongo que se buscaba transmitir una imagen de seriedad, de contundencia, pero para mí lo único que ha conseguido es acentuar el gesto apesadumbrado del Presidente. La camisa, excesivamente clara y brillante, resaltaba el blanquecino cansancio de su rostro y remarcaba las ojeras. En conjunto, daba más la imagen de un hombre cansado de rostro taciturno que de un líder con energía que sabe cómo sacarnos de la crisis.
Mientras veía al Presidente entrar en el Hemiciclo me acordaba del primer Debate de la Nación que protagonizó el entonces jovencísimo Zapatero. Me acordaba del traje impecable en gris suave y la corbata en azul cielo. Me acordaba de la polémica que había suscitado su corte de pelo unos días antes y me acordaba de lo favorecedor que le había quedado: enmarcaba bien el rostro y aportaba un aire fresco, novedoso. Zapatero haría bien de recuperar aquellas corbatas que inspiraban optimismo y un poco de aquel “look” que rezumaba confianza en sí mismo. Hoy le ha faltado cierta luminosidad.
2. Gestos de las manos: delatores. Zapatero tiene una forma muy característica de mover las manos: o las entrelaza con fuerza con los brazos en ángulo recto o las mantiene separadas con las palmas ligeramente hacia arriba y los brazos más relajados. Hoy, sin embargo, comenzaba preocupado y se le notaba en las manos.
Las mantenía juntas sobre el atril y tan sólo las movía para remarcar algún punto. Y cuando lo hacía, el moviemiento de la mano era muy vertical y muy rápido, casi tajante, lo que más que expresar determinación (eso se transmite con movimientos más secos y cortos), expresaba cierta frustración. Al cabo de unos minutos, se ha ido relajando y los gestos han sido más naturales. Cuando hablaba de la crisis, las manos mostraban las palmas hacia arriba, en un gesto de franqueza.
3. Lenguaje corporal: alicaido. Hombros muy caídos (lo que da sensación de cansancio) y rigidez en el torso (que da la sensación de no estar demasiado a gusto). Zapatero, cuando está relajado y tranquilo, tiene un lenguaje corporal muy conciliador: se mueve ligeramente, mueve la cabeza constantemente, contornea las manos. Cuando está contrariado, se muestra compungido. Sus gestos se ralentizan. Hoy estaba excesivamente encorsetado. Tan sólo cuando ha terminado su intervención ha esbozado una sonrisa, que se ha visto más como un gesto de alivio que de autosatisfacción.
4. Leer constantemente. Mantener el contacto visual es uno de los factores de éxito más importantes cuando se habla en público. Zapatero ha perdido una gran oportunidad al principio de su discurso: en vez de proferir una cierta sonrisa y mirar a la audiencia, se ha refugiado en el pliego de hojas que tenía delante. Ha dado una prueba sin darse cuenta de que aquel debate le imponía.
Pocas veces había visto a Zapatero leer tan mecánicamente un discurso como en el debate de hoy. Supongo que no querría salirse ni un milímetro del guión, pero ha caído en un error: el tono de voz no conseguía transmitir confianza y la falta de contacto visual le hacían perder credibilidad.
5. El discurso: mucho que mejorar. Zapatero no lo tenía hoy fácil, es cierto. Los problemas se acumulan y nadie parecer entrever la luz al final del túnel. No cosecha un alto nivel de confianza ciudadana ni de credibilidad política. Cualquier ”speechwriter” temblaría al ponerse a escribir un discurso como el que hoy ha pronunciado Zapatero. Pero esto no quiere decir que no se pueda hacer.
El discurso ha sido excesivamente largo (la versión escrita ocupa 43 páginas), excesivamente denso (la repetición de concatenadas, de subordinadas y de frases engalanadas, cansaba) y excesivamente rígido (no había un relato que fluyese, una idea que realmente hilvanara toda la intervención).
El discurso ha empezado bien, hay que reconocerlo. Cierto tono emotivo que enmarcaba bien las principales preocupaciones del país, dejando claro que el Presidente está preocupado por lo que está pasando pero no es culpable directo de la situación.
Sin embargo, pronto el tono se ha hecho cada vez más barroco. A Zapatero, o a sus escritores de discursos, bien les valdría leer de vez en cuando los discursos de Obama o de Kennedy, o de Winston Churchill. Mejos focalizados, mucho mejor escritos. Con un lenguaje más directo que llaman a la acción colectiva y que saben hacer de las crisis momentos para unir a todo el país en un frente en común. Con una escala humana, demostrando que les preocupa realmente los graves aprietos por los que pasan los ciudadanos.
Zapatero ha intentado al final de su discurso dar un toque “kennedyano”. Frases cortas que apelaban a la acción común. Peticiones para recordar que este país ha pasado por crisis de mucho calado y que ha salido adelante. Lástima que la voz le fallara. La motivación era muy buena.
En fin, creo que a Zapatero bien le valdría cambiar de “speechwriter”, dar un enfoque diferente a sus intervenciones: le va el tono rápido y la réplica inteligente. Es bueno con la ironía. Le sobran adjetivos, adverbios y perífrasis, es verdad. Le cuesta acabar las frases y dar fuerza y contundencia a los argumentos. Le iría bien aplicar un tono más directo, más expeditivo, menos redundante. Eso, y no hacer tantos silencios y romper tanto las frases con pausas inacabables.
Nada que no se pueda solucionar. Cambie de “speechwriter”, Sr. Zapatero. Se lo agradecermos todos.
Pingback: Exaps. Partidos políticos e Internet » Blog Archive » El debate del estado de la Nación desde la web