“Antes de hablar, cállate”… y otros consejos de comunicación de Winston Churchill

Winston Churchill no era un buen orador cuando comenzó su carrera política. Él mismo reconoció que era tremendamente inseguro y que hacía lo imposible por evitar hablar en público. En el Parlamento Británico se quedaba rezagado en su asiento, pensando que no tenía nada interesante que decir o que sus argumentos ya habían sido empleados por otros, con lo que ya no podía usarlos. Cuando no le quedaba más remedio que intervenir, temblaba, titubeaba, sudaba.

Años más tarde, Chuchill se convirtió en un brillante orador que supo transmitir entusiasmo a los británicos en los momentos más duros de la Segunda Guerra Mundial. Sus dotes para hablar en público se convirtieron en legendarias e incluso el Presidente Kennedy reconoció que admiraba sus cualidades como orador. “Churchill mobilizó la lengua inglesa y la envió a la batalla”, dijo admirado.

¿Cómo consiguió esta transformación? ¿Cuáles fueron sus secretos de comunicación?

Winston Churchill reconoció que toda su vida había luchado contra un “black dog”: su depresión. Ésta dolencia fue especialmente acuciante en algunos períodos de su vida, como cuando salió del gobierno después de la Primera Guerra Mundial o durante los últimos años de su vida.

Pero a pesar de haber reconocido que tenía frecuentes depresiones y era presa de inseguridades, Churchill consiguió tener el coraje suficiente como para adoptar posturas controvertidas y cambiar incluso de partido. Además, se entregó a la escritura y a la pintura como alicientes que le permitían aliviar sus males y temores. A través de esas aficiones, consiguió un dominio del relato y la narración que le valió ser merecedor del Premio Nobel de Literatura en 1954. Por no decir que le convirtió en un excelente escritor de discursos.

Es cierto que Churchill no tenía una forma de hablar que siga los manuales contemporáneos de hablar en público: tenía una voz excesivamente ronca, su dicción no era excesivamente buena, su entonación no era excesivamente candorosa. Pero la potencia de sus argumentos le convirtieron en un gran orador.

¿Sus principales técnicas a la hora de escribir un discurso?

1. Preparación, preparación y preparación. Churchill era un printor aficionado y se enfrentaba a la tarea de escribir con la misma meticulosidad con la que pintaba. Como artista, sabía que todas las creaciones (incluídos los discursos) debían de ser una obra de arte que requería dedicación y entrega.

Lo primero para él era decir en voz alta lo que quería decir en público. “Es sencillo: dí lo que tengas que decir y cuando llegues a una frase con coherencia siéntate y ponte a escribir”, recomendaba. Una vez en el proceso de escritura, dictaba a su secretaria diferentes versiones de los discursos  y luego pasaba horas puliendo los borradores, corrigiendo constantemente palabras para encontrar la expresión precisa. “Los pulo hasta que brillan”, solía decir.

2. Agrada a sus oídos y estimula sus mentes. Churchill estaba obsesionado con conseguir dos objetivos con sus discursos: “Please their ears and stimulate their minds” (agrada a sus oídos y estimula sus mentes) y por ello se esforzaba en añadir fórmulas retóricas que diesen “grandeur” a la intervención. Una de la que más le gustaba era repetir las primeras palabras de frases consecutivas, por ejemplo:

We shall fight on the landing grounds

We shall fight in the fields and in the streets

We shall fight in the hill

We shall never surrender

3. Sólo di cosas importantes y relavantes. Churchill siempre iba al grano y trataba temas in subterfugios, directamente. Además, siempre defendía que a la audiencia le había de quedar una idea clara y que era responsabilidad del orador decidir qué idea era.

4. Repite, repite, repite. Siguiendo la idea de una sola idea, Churchill siempre decía que las personas no se solían acordar de una idea que sólo habían escuchado una vez. Por tanto, había que repetirla constantemente. Churchill defendía el principio clásico de: “Diles qué les vas a decir, díselo y luego diles lo que les has dicho”.  O, dicho de una manera más directa, tan propia de Sir Winston:

If you have an important point to make, don’t try to be subtle or clever. Use a pile driver. Hit the point once. Then come back and hit it again. Then hit it a third time – atremendous whack.

5. Principios y finales: lo más difícil, lo más importante. Puede parecer mentira, pero los comienzos y los finales son la parte más difíciles de cualquier discurso y los que determinan realmente el éxito de un orador. Las primeras palabras determinarán el tono de todo el discurso y serán las responsables de atraer la atención. Churchill solía comenzar con una frase impactante: un dato sorprendente, una afirmación controvertida, una realidad irrefutable. Es famoso el “Señorías, no tengo nada más que ofrecerles que sangre, sudor y lágrimas”, y yo también añadiría el principio de uno de sus discursos radiofónicos durante la Segunda Guerra Mundial: “Las noticias que nos vienen del frente son malas”. Esta sencilla frase la ponía Theodor Sorensen, escritor de discursos de Kennedy, como ejemplo de excelencia.

6. Las palabras han de ser cortas. Churchill empleaba párrafos cortos y palabras aún más cortas. De hecho, la mayoría de las palabras de sus discursos no superaban las dos sílabas. Por ejemplo, en su memorable discurso de “We shall fight”, los párrafos eran de 140 palabras como media y tan sólo cinco palabras tienen más de 2 sílabas.

7. Citas y estadísticas. Otro famoso político británico, Benjamin Disraeli, dijo una vez: “hay mentiras, malditas mentidas y luego están las estadísticas”. El uso de datos puede añadir relevancia al discurso, aportar solvencia y, sobre todo, generar confianza. De ahí que churchill frecuentemente recurriera a ellas.

8.  Practicar, practicar, practicar. Winston Churchill repetía sus discursos una y otra vez delante del espejo hasta que los dominaba a la perfección. Y se aprendía de memoria los comienzos y los finales de cada intervención: así podía empezar a hablar con confianza en sí mismo, luego articular los principales argumentos que tenía preparado y acabar con solemnidad. Tanta importancia le daba a la práctica que llegó a afirmar que “es el esfuerzo continui -no la fuerza ni la inteligencia – la llave para desarrollar todo nuestro potencial”.

9. Antes de empezar a hablar, simplemente cállate. Una de las técnicas que más se recomiendan para hablar en público es hablar enseguida: llegar al atril y comenzar a hablar. ¡Error! Antes de empezar a hablar hay que hacer una pausa: sin decir nada, mira a la audiencia, dedícales una agradable sonrisa y luego empieza a hablar. Esta breve pausa atraerá la atención del público.

Grandes oradores han utilizado esta técnica. Incluso se dice que Napoleón esperaba 60 segundos antes de hablar a sus tropas.

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