Adiós a Ted Sorensen

Me encantaría dominar las palabras como lo hacía él para dedicarle la eulogía que se merece. Pero Sorensen era un maestro difícil de imitar. Su precisión, su estructura, su ritmo eran inigualables.

Hace dos días que nos dejó el último servidor de Camelot. Sorensen siempre bromeaba que en su epitafio rezaría “Aquí yace el escritor de discursos de Kennedy” y aquel titulo le molestaba, porque él había sido mucho más que un “speechwriter”. Fue el hombre que dotó de magia a las elocuciones del Presidente, es cierto, pero también fue el consejero y amigo fiel que estuvo junto a él en los momentos más decisivos. Juntos emprendieron el camino que les llevaría hacia la Casa Blanca y allí batallaron en mil frentes a la vez.

Sorensen fue una de las personas más citadas en la Administración Kennedy pero quizás fue el miembro más desconocido. Él era tímido y enjuicioso, dotado para la reflexión y la introspección, y sin embargo tenía claros dotes para el humor. Siempre quiso estar a la sombra del Presidente, pero su inteligencia hacia que brillara con luz propia. Fue un hombre de lealtad inquebrantable, tanto que nunca reconoció todo lo que hizo y se alegró de que otros disfrutaran de los triunfos que él había construído.

Ahora todos los periódicos le recuerdan como el creador de la frase “Ask not what your country can do for you, ask what you can do for your country” que ponía punto y final al brillante discurso de investidura del Presidente Kennedy y también comentan su destacado papel en la redacción de “Profiles in Courage” que le valió el Premio Pulitzer al malogrado Presidente. En vida, cuando a él le preguntaban sobre su autoría en ambas cuestiones, siempre contestaba con inteligencia: “Ask not” (no me preguntes). Creo que deberíamos respetar su voluntad y no volver a retormar estas controversias que él mismo se encargó de zanjar en su día a través de su libro “Counselor”. ¿Qué más da quien escribiera realmente aquellas palabras? ¿No nos deberíamos centrar en lo que inspiraron? ¿En el poder que tuvieron? Todas las personas que hemos escrito discursos alguna vez sabemos una máxima: no importa el autor, lo único que importa es si el discurso inspira o no, si es capaz de mover consciencias, elevar la vista e incitar a la acción. Es lo que nos hubiese dicho Ted Sorensen.

Todavía recuerdo la primera vez que leí algo suyo. Fue en primero de carrera y estaba en la librería Canuda buscando viejos tesoros literarios. Encontré una edición de su libro “Kennedy” que había escrito dos años después de la muerte del Presidente. No pude dejar de leerlo y de releerlo, intentando absorber su manera de exponer, su capacidad para hilvanar un relato, para analizar con detalle y precisión cada uno de los episodios que habían vivido en la Casa Blanca. Sorensen era un maestro de las palabras, pero también era un asesor magnífico capaz de entender que América estaba capacitada para un Presidente católico y que estaba dispuesta a poner freno a cualquier amenaza que se virtiera contra ella.

Hace poco leí su último libro, “Counselor”. Lo encontré en la “Librería Americana” de Amsterdam y hoy está en mi mesita de noche, custodiado por otro libro singular: “Life in the 20th Century” de Schlesinger Jr, otro asesor de Kennedy.

Estoy segura de que a Sorensen le encantaría estar tan bien acompañado. Descanse en paz.

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