¿Empieza el cambio?

De vuelta de vacaciones y con las pilas cargadas, que los próximos meses se presentan emocionantes y necesitaremos mucha energía. Adiós a un viaje espectacular y empiezo ya la preparación de mi escapada otoñal a Madrid, que este año me depara un regalo inestimable: la exposición del Hermitage en el Prado. Un auténtico lujo.

De vuelta por estas lides, veo que hemos tenido un verano de lo más movido. Me fui unos días y vuelvo con la Constitución cambiada. Por lo que he leído y escuchado, creo que en cuestiones de fondo podríamos ponernos de acuerdo pero las formas han sido intolerables teniendo en cuenta que estábamos modificando la Carta Magna. Es cierto que se cumplía el número de votos necesarios para la reforma, pero los cambios constitucionales, por pequeños que sean, deberían requerir una mayoría mucho más amplia, por eso de que la Constitución nos dirige y nos concierne a todos.

Puedo entender que se necesitaba un golpe de efecto para calmar a los mercados, puedo entender que la estabilidad presupuestaria (entendida desde el sentido común y no desde posturas inflexibles) debiera ser un objetivo para todos los partidos. Puedo entender, incluso, que deberíamos perder el miedo a modificar la sacrosanta Constitución. Al fin y al cabo, es una “norma abierta”, al servicio del pueblo, y  si las circunstancias cambian, la Constitución se debería adaptar a las nuevas vicisitudes. Francia y Alemania han modificado sus Constituciones. Aquí también lo hicimos (creo recordar que fue el artículo 113) cuando entramos en la Unión Europea.

Podemos estar de acuerdo en el fondo, pero aquí las formas cuentan. Y mucho. Y no se han respetado en absoluto.

Sigo leyendo noticias. Ana Mato, directora de la campaña electoral del PP, dio antes de ayer el pistoletazo de salida al a precampaña de su partido con el anuncio del eslogan “Empieza el cambio”. “Vamos a afrontar la precampaña y campaña electoral más larga de nuestra democracia”, apuntó. Preparémonos. Si lo que hemos visto hasta ahora era puro calentamiento, el sprint final puede ser apoteósico, por decirlo suavemente y sin acritud alguna.

El cartel electoral del PP, por cierto, puede que anuncie el cambio, pero a nivel de comunicación es más de lo mismo: no se ha innovado nada, ni en grafismo, ni en composición, ni en el estilo. Tan sólo observo que el fondo ha adoptado alguna línea tornasolada, muy futurista, y se han incorporado algunas variaciones de azul en degradado. No me convence. Si querían de verdad dar la imagen de cambio, un fondo neutro con otro tipo de letra hubiese sido más impactante. Deberían haber evitado la mayúscula del principio (que me perdonen los de la Real Academia) y haber apostado por una letra mucho más arriesgada. Por no decir que este tipo de fondos que emplean ellos, a pesar del “estilo Matrix”, está completamente demodé. Si el cambio es hacia el pasado, entonces está bien conseguido. Si se quiere transmitir esperanza de futuro, se han equivocado.

En cuanto al eslogan en sí, bien, es una copia del que empleó Convergència i Unió en las autonómicas del 2010 (“Comença el canvi”). Dicho por alguien del PP suena a broma de mal gusto. ¿El cambio hacia dónde? El PP se esfuerza al máximo por transmitir el mensaje de que no recortarán servicios sociales básicos ni tocarán las pensiones. También se reitera que se bajaran impuestos, que se ayudará a los emprendedores y que, en general, parece que saldremos de la crisis sin tener que arremangarnos. El esfuerzo es loable, pero el mensaje, poco creíble. No les culpo excesivamente: es lo que les hubiese recomendado cualquier consultor que hicieran. Además, está tan instalada entre la opinión pública la idea de que el PP ganará en el 20-N que podrían haber puesto una frase en chino y hubiese surgido el mismo efecto.

El PSOE, por su parte, sigue haciendo esfuerzos a contrarreloj por evitar una mayoría absoluta del PP, que no ganar las elecciones. Rubalcaba lo dejó claro este martes: “yo nunca he dicho eso de “vamos a ganar””. Está bien que lo aclare, no sea que alguien no haya visto las encuestas y/o crea en los milagros. Sin embargo, a pesar de la humildad, no se están escatimando esfuerzos para arañar votos (o evitar la desbandada de votos,  más bien). Elena Valenciano, directora de campaña del PSOE, también apareció delante de los medios el mismo día que Ana Mato para dar a conocer el “Rubalcaba, sí”. “La respuesta es Rubalcaba. Si se elige sin comparar, es “Rubalcaba”. Y si se elige comparando, la respuesta el “Rubalcaba, por favor””, defendió. El entusiasmo de esta señora es digno de encomio. Los socialistas han lanzado un nuevo vídeo promocional, dirigido por Fernando Guillén Cuervo, donde esgrimen argumentos a favor de su candidato. Ya hemos superado las “R” de “Rubalcaba”. Ahora vamos por las frases con sujeto (“Rubalcaba”), verbo y predicados varios: “porque es muy listo”, “porque tiene ideas y propuestas”, “porque necesitamos políticos de altura”… El vídeo, técnicamente, es correcto. Pero es poco innovador, por no decir previsible. Está bien emplear gente corriente en espacios corrientes; está bien lanzar mensajes positivos; está bien que el candidato salga, en medio de una multitud que le aclama, defendiendo sus ideales. Pero en conjunto, el vídeo no inspira ilusión por un futuro mejor, tan sólo ternura por un político que, si bien todos sabemos que está de sobras preparado, también sabemos que tiene por delante una tarea titánica o, directamente, imposible.

Hay un par de problemas añadidos. En primer lugar, lo que en comunicación y publicidad se conoce como la “Ley de Weber”: para cambiar un estímulo hace falta un estímulo aún mayor. El PSOE se esfuerza por defender a un candidato y alejarse de unas siglas y, sobre todo, de una historia reciente. ¿La preeminencia de Rubalcaba durante unos meses desbanca lo acontecido en los últimos años? Los problemas han sido muchos y la gestión de los mismos, discutible. La comunicación, directamente nefasta. Rubalcaba es serio y solvente, de acuerdo. Ha demostrado eficiencia y fortaleza, liderazgo y determinación. Los ciudadanos lo valoran mejor que a Rajoy, pero ¿estamos realmente delante de un duelo Rubalcaba vs. Rajoy? En los últimos tiempos hemos vivido una gran tempestad y, frente al torbellino, Rubalcaba es tan solo un toque de brisa fresca. Necesaria, refrescante, pero no suficiente para hacernos olvidar el vendaval.

Además, ¿realmente nos interesa reducir los comicios del 20-N a una lucha entre candidatos? ¿O a una confrontación de proyectos? El socialismo de Zapatero en los últimos tiempos ha tenido poco de izquierdas y mucho de servilismo. El viraje liberal (forma suave de decir que se ha ido a la derecha) ha dolido a muchos y, lo que es peor, no ha demostrado ser la solución a los problemas. ¿Más recetas de los mercados es lo que necesitamos para sacar a flote al país? ¿O es recordar qué es, de verdad, la ideología socialdemócrata y sus postulados? No estoy defendiendo redireccionar el país desde el neoliberalismo al populismo y caer en frases y propuestas grandilocuentes que puedan entusiasmar a algunos pero que no ayuden a la mayoría. Propongo volver a creer que el desarrollo económico no tiene que ir a costa de mermar derechos sociales, que las inversiones en las personas (en su educación, en su salud) son una garantía de futuro y que aquí, aunque muchas veces no nos lo creamos, hay gente con mucho talento y que tan sólo necesitan una ayuda para encauzar todo su potencial. Tenemos las bases necesarias para salir adelante. Tan sólo hace falta no destruirlas.

Rubalcaba lleva semanas defendiendo impuestos a los bancos y a los más ricos, en un esfuerzo por posicionarse al lado de “los más necesitados” y recordarnos la codicia de “los poderosos”. No soy ninguna experta en política fiscal, con lo que no voy a entrar a debatir los entresijos de estas propuestas, pero sé algo de comunicación, y aquí Rubalcaba está maniobrando en una línea difusa. Estoy segura de que es un buen gestor pero ahora me va a tener que demostrar si es un buen equilibrista. Además, también debería comenzar a recordar que aquí hay una responsabilidad de todos  y que la situación actual (tanto la crisis económica como la financiera) han sido fruto de una locura colectiva en donde los bancos empujaban a adoptar comportamientos enajenados y el resto de la población los adoptaba convencidos.

No saldremos de la crisis tan sólo con una reforma fiscal, que también. Saldremos si somos capaces de cambiar nuestra mentalidad, si somos capaces de mejorar el sistema educativo, el nivel de competitividad, la formación en idiomas, las ayudas a emprendedores y el sistema de protección social. Saldremos si entendemos que las Administraciones Públicas han de apostar por el rigor en la gestión y no ofrecer servicios y equipamientos que no se sabe muy bien cómo pagarlos (ni qué utilidad real tienen para la mayoría). Saldremos si dejamos de ver este país como una lucha entre “unos contra otros” y nos unimos de una vez.

Saldremos si el “cambio” deja de ser patrimonio exclusivo de un partido en concreto y comienza a ser el lema de toda una sociedad.

Pero el “cambio” hacia delante, hacia el futuro. Porque los cambios hacia atrás tan sólo confirman la gran frase del “Gatopardo”: “A veces todo ha de cambiar para que todo siga igual”.

 

 

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