Obama y el “Jobs Speech”: el discurso que queríamos oír

“Mucho más ambicioso y mejor de lo que me esperaba”. Paul Krugman, una de las voces socialdemócratas más reverenciadas de Estados Unidos, valoraba así el discurso que ayer pronunció el Presidente Obama en el Congreso. “Buen plan, buena visión, buena política”, titulaba hoy el Washington Post. “Hemos escuchado a un Presidente que vuelve a tener energía”, recogía el editorial del New York Times.

Obama cosecha elogios y no es para menos. Ayer tenía frente a sí una tarea ardua y difícil (defender su plan para reactivar la economía y, sobre todo, crear empleo) y a una audiencia que no podía ser más hostil. El Congreso norteamericano está dominado por republicanos reacios a ceder un ápice frente a la Casa Blanca e incluso algunos congresistas manifestaron ayer su obcecada oposición negándose a sentarse en el hemiciclo. Los que sí se sentaron, por su parte,  no pararon de mofarse, reírse, suspirar con sorna y hasta soltaron alguna carcajada estridente en un intento altivo y maleducado por demostrar al Presidente que su figura les es irrisoria e irritante.

Obama no se amedrentó, por eso de que no hay menor desprecio que el menor aprecio (o por eso de hacer oídos sordos a palabras –e intenciones- necias). En 32 minutos, el Presidente vertebró un discurso impecable, con propuestas sólidas e iniciativas solventes.

Tono contundente desde el principio, con frases cortas y tajantes. Nada de prolegómenos, ni de retórica previsible: “Hoy nos reunimos en un momento de máxima urgencia”, dijo para comenzar. Obama luego rebajó el tono y los ademanes académicos a los cuales nos tiene acostumbrados y se explayó con expresiones coloquiales al alcance de cualquiera. No hubo cifras ni porcentajes nada asequibles para profanos. Cuando quiso explicar, por ejemplo, que los más ricos de América pagan muchísimo menos ahora que hace unas décadas, empleó una comparación sencilla, pero sorprendente: “Warren Buffet [uno de los hombres más ricos del mundo] paga menos impuestos que su secretaria”. Tan a gusto parecía sentirse el Presidente que hasta lanzó constantes reproches a sus oponentes, demostrando que pese a sus desaires, él sigue ostentando el poder y la responsabilidad. Le pese a quien le pese. “La cuestión es si, delante de la crisis nacional que aún perdura, podemos acabar con el circo político y hacer algo de verdad para ayudar a la economía”, pronunció. “Esperar hasta las próximas elecciones sería una pérdida inestimable de tiempo (…) Las personas que nos trajeron aquí –las personas que nos contrataron para trabajar para ellos- no pueden permitirse el lujo de esperar catorce meses”.

El problema es si el circo político realmente desaparecerá.

Obama es lo suficientemente inteligente como para saber que tendrá difícil pasar sus propuestas en un Congreso tan hostil. Pero no por ello dejó de intentarlo. Ayer tenía un propósito claro y se empleó a fondo.

La situación exige esta clase de contundencia. Catorce millones de estadounidenses no tienen trabajo (el 9% de la población activa) y la tasa de creación de nuevos puestos laborales se ha estancado en los últimos meses. Obama ha propuesto destinar 447.000 millones de dólares (casi el 3% del PIB) para incentivar la economía: la mitad irá destinada a rebajar impuestos tanto a los trabajadores como a empresarios; la otra mitad, a infraestructuras claves para el país. Se rehabilitarán 35.000 escuelas, 35.000 millones de dólares irán a mantener a profesores, policías y bomberos cuyos puestos peligran por los recortes presupuestarios y 50.000 millones más servirán para mejorar carreteras, autopistas y el sistema de transporte público.

Los recortes de impuestos, se subrayó, irán a las pequeñas y medianas empresas, no a las grandes corporaciones. Se quiere que contraten a más gente o que incrementen los salarios a los trabajadores. Se quiere también que los jóvenes sin empleo accedan al mercado laboral mejorando su formación y facilitando el acceso a través de contratos de un año mínimo. Se pretende que parados de larga duración sigan percibiendo sus prestaciones, pero que empleen el tiempo en programas de formación adecuados realmente a la nueva economía. De hecho, las empresas podrían recabar más rebajas fiscales si contratan a personas que llevan más de seis meses sin trabajo.

Es un plan ambicioso, pero según los expertos adecuado para luchar contra el desempleo.

Ojalá le dejen llevarlo a cabo. Por el bien de todos.

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Archivado bajo comunicación, Hablar mejor en público, Lecciones del Ala Oeste de la Casa Blanca, liderazgo

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