De sobras merecido

El Premio Nobel de la Paz ha recaído hoy en tres mujeres: la Presidenta de Liberia (y una de mis grandes ídolos) Ellen Johnson Sirleaf y las activistas Leymah Gbowee (también de Liberia) y Tawakul Karman (del Yemen). Tres mujeres, tres símbolos de lucha, determinación, coraje y valentía. Ha sido la segunda vez en la historia que el Nobel de la Paz lleva nombre de mujer (la primera fue Wangari Maathai de Kenia en el 2004). Sólo cuatro nombres de mujeres en 110 años ya de historia del Nobel de la Paz. Esperemos que no sean los únicos.

Según ha reconocido hoy el Comité que otorga el galardón: “No podemos conseguir democracia y paz duradera en el mundo a menos que las mujeres tengan las mismas oportunidades que los hombres para influir en el desarrollo de todos los niveles de la sociedad”. Sabias palabras que ojalá todo el mundo hiciera propias. Porque las desigualdades siguen a pesar de los avances. Y el infierno en que están inmersas muchas mujeres en todo el mundo sigue presente, encarnizado y cruel.

Hoy me alegro de que el Nobel se haya otorgado a tres mujeres, pero no nos olvidemos de que junto a ellas, junto a su ejemplo, está el de tantas otras mujeres. Tantos otros millones de mujeres, mejor dicho, que luchan a diario por construir un mundo mejor. A todas ellas, ¡gracias!

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