El cambio del cambio y por el mero hecho de cambiar

Mi abuela, mi gran abuela, decía que no había que tener miedo a los cambios porque a veces nos estamos perdiendo sorpresas agradables por el mero hecho de aferrarnos a un presente demasiado cómodo, aunque casi siempre demasiado aburrido.  Quizás por ello siempre he sido inquieta, a veces incluso reconozco que impulsiva, y siempre he mirado con admiración a aquellas personas que tienen la valentía de dar un paso adelante, liberarse de ciertas cadenas y luchar por conseguir sus sueños. Sé el vértigo que produce estar enfrente de un abismo, pero también conozco bien la sensación de libertad que produce dar el salto y llegar con los pies firmes a un nuevo destino.

Ahora bien, el cambio por el cambio no sirve de nada si no se llega a un nuevo puerto. Aquí es donde hay que tener la cabeza fría. Porque lo importante es marcar un nuevo rumbo pero tener claro a dónde se quiere llegar.

Por ello, creo que a pesar de la sensación de cierta euforia que hoy presenta el PSC (perdón, el nuevo PSC), y aunque reconozco que el Congreso de este fin de semana ha intentado marcar un punto y aparte en ciertas cuestiones, la verdad es que no adivino, ni me han dejado claro, cuál es la meta ni cual es el rumbo.

Y es que los retos que este partido tiene por delante son enormes. Tan sólo hay que comprobar el tremendo varapalo que sufrió en las autonómicas, luego las municipales y por último las generales para darse cuenta de que más que perder cierto “norte ideológico”, lo que se constata es un auténtico divorcio entre la ciudadanía y el partido. Se le puede achacar a Montilla y sus acólitos, se le puede achacar a la crisis e incluso a Zapatero, pero quizás sea más certero apuntar a que el PSC presenta unas estructuras excesivamente enrevesadas, jerárquicas y obsoletas donde es imposible desviarse un ápice de la ortodoxia doctrinal y en donde plantearse cualquier alternativa es incluso visto como un sacrilegio.

Es imposible hacer autocrítica (hacerla de verdad, me refiero, no emplear ciertas figuras retóricas para acallar a alguna voz discordante) cuando el marco de referencia es tan endogámico y tan poco permeable a escuchar a los de afuera. Y digo esto a sabiendas de que hay personas dentro del partido que quieren de verdad un cambio, han luchado por ello, y sé que sus intenciones y sus esfuerzos han sido siempre con ánimo constructivo. Como también sé que son los que menos y que casi nunca se les escucha, por no decir que se les relega -a veces con poco disimulo.

EL PSC ha cambiado de cara pero no de estilo. Pere Navarro se ha presentado como la cara de la renovación, y es cierto que demuestra un talante positivo mucho más conciliador y aperturista, pero la brisa fresca no puede contra las tempestades y lo que ha habido instalado durante demasiado tiempo en la sede de Nicaragua es un auténtico vendaval de personalidades infladas y egos descomunales. Durante demasiado tiempo se ha instalado la ortodoxia enfrente del debate y la demagogia facilona enfrente de propuestas coherentes.  Y la ciudadanía -a la que casi siempre se nos trata como borregos aunque demostremos más inteligencia y responsabilidad que algunos encumbrados- se dieron cuenta de que no querían que ciertas personas de poca talla dirigiesen sus vidas, mucho menos las de sus hijos.

Responsabilidad, valores, programas, propuestas, ideas. Personas serias y bien preparadas. Si quieren de verdad que nos creamos que han iniciado una nueva etapa, empiecen por ahí.

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