Lecturas políticas para no navideños

No soy de las que les gusta la Navidad. Me pone muy triste pensar en los que ya no están con nosotros y me enerva la obsesión consumista en la que se han tornado estas fiestas. Por eso, aparte de cumplir religiosamente con los obligados atracones de comida en familia, estos días navideños (si no estoy de viaje) los dedico simplemente a leer. De hecho, ya llevo unas semanas acumulando diligentemente obras para disfrutar en cuanto tenga la más mínima ocasión.

Os dejo mi lista personal de libros para estas Navidades:

“Lords of Finance: 1929, the Great Depression, and the Bankers Who Broke the World”, de Liaquat Ahamet.

La historia de cuatro hombres que dirigían los bancos centrales de sus respectivos países y cuyas acciones cambiaron el rumbo de la historia. Desafiando a todos aquellos que pensaban que el crack del 29 fue la consecuencia de hechos fortuitos que se escapaban del control de los gobiernos, Ahamet demuestra que sucedió todo lo contrario. Fueron decisiones erróneas de un puñado de hombres lo que desencadenó realmente la catástrofe y fueron, además, las medidas equivocadas que adoptaron los políticos para controlar sus consecuencias inmediatas lo que provocó la Gran Depresión. ¿Os suena familiar?

 

“Lincoln’s Sword: The Presidency and the Power of Words”, de Douglas Wilson.

Muchos de sus coetáneos lo menospreciaban como un hombre de provincias incapaz de sobrellevar el enorme peso de la Presidencia. Le reconocían astucia y habilidad política, desde luego, pero constantemente le reprochaban que no destacase por una oratoria sofisticada o por ideas sugerentes. Pero se equivocaron todos. Lincoln era un magnífico orador que dejó estupefacto a más de uno al comenzar a publicar una serie de artículos y pronunciar discursos que han pasado a la historia por su brillantez y solidez intelectual. El libro de Douglas Wilson examina cómo Lincoln empleó el poder de las palabras para construir su carrera y vencer a todos sus enemigos. En particular, se sumerge en cómo escribía, en el proceso metódico y disciplinado con el que el Presidente de los Estados Unidos sopesaba cada una de las palabras.

 

“American Dreamers: How the Left Changed a Nation”, por Michael Kazin.

Michael Kazin, además de professor de historia en la Universidad de Georgetown y de estar reconocido como uno de los más destacados académicos en el estudio de los movimientos sociales, es un destacado intelectual de izquierdas. Sus opciones ideológicas, sin embargo, no le han impedido escribir con maestría –y cierta simpatía- sobre personajes poco sospechosos de radicalismo político. De hecho, me encantó su libro “A Godly Hero: The Life of William Jennings Bryan” sobre el contendiente demócrata a la Casa Blanca más joven de la historia.

En “American Dreamers” (uno de las mejores obras publicadas en el 2011 según la revista “Newsweek”), el autor hace un recuento muy interesante de todos los movimientos de izquierdas de los Estados Unidos, comenzando con los abolicionistas de finales del siglo XIX hasta llegar a nuestros días. Aquí se explican las luces y las sombras de movimientos como el feminismo o el anarquismo y se analiza cómo, a pesar de que en Estados Unidos no ha llegado a cuajar un auténtico partido de izquierdas a la usanza europea, todos estos movimientos “de izquierdas” han influenciado la psique de los ciudadanos norteamericanos.  

“Thinking, Fast and Slow”, de Daniel Kahneman.

En el 2002, Daniel Kahneman ganó el Premio Nobel de Economía. La concesión del galardón sorprendió a algunos, no en vano Kahneman no es economista de formación, sino psicólogo. Ahora bien, junto al brillante Amos Tversky, se ha encargado de desmontar durante décadas una de las principales premisas de la ciencia económica: que los individuos somos seres perfectamente racionales movidos por intereses previsibles y que adoptamos decisiones tras sopesar los pros y contras de determinadas cuestiones. Nada más lejos de la realidad, según Kahneman. En este libro cuenta cómo estamos muy lejos de la perfecta racionalidad y que las emociones juegan un papel más que destacado en la toma de decisiones. Algunos de los experimentos que detalla en “Thinking, Fast and Slow” son, cuando menos, sorprendentes.

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