Empezar de nuevo

Las críticas dentro de su propio partido no dejan de amenazarlo hasta tal punto que son muchos los que, sin ningún reparo y con poco disimulo, comentan en voz alta que es incapaz de pilotar la nave y ejercer liderazgo. Pero Ed Miliband, líder del Partido Laborista británico, no parece ser de los que se amedrentan.

De hecho, ha demostrado hoy mismo que no le tiene ningún miedo a las descalificaciones, que es capaz de proponer ideas interesantes y, sí, que está en condiciones de dar la batalla para ocupar “Downing Street” en el 2015.

Miliband hoy se la jugaba, pero la partida se ha saldado con un tanto a su favor. En un discurso frente a la organización “London Citizens”, ha propuesto una hoja de ruta coherente que según algunos medios, como el periódico “The Guardian”, marca una nueva etapa en la historia laborista.

Lo más destacado:

1. Asumir los problemas sin titubeos. El Partido Laborista arrastra un problema de credibilidad en el campo económico muy acuciado.  Es cierto que en el 2007, cuando estalló la crisis y los laboristas estaban en el gobierno, la economía británica disfrutaba de un crecimiento que parecía robusto. Llevaban nada menos que una década creciendo, ahí es nada. Y, al mismo tiempo, el desempleo había caído drásticamente. Pero no todo eran buenas noticias: a pesar de la bonanza económica, las cuentas públicas no estaban equilibradas y había déficit (pequeño, pero déficit al fin y al cabo). Además, los laboristas creyeron ingenuamente que las cantidades recaudadas por los impuestos se mantendrían estables, sin darse cuenta de que las arcas públicas estaban llenas de dinero proveniente de la especulación del mercado inmobiliario y la actividad desenfrenada (y sin control) de las entidades financieras de la “City”. Con lo que, cuando estalló la crisis, los ingresos menguaron rápidamente y el déficit público se disparó.

Por ello, todavía hoy son muchos los ciudadanos que consideran que el gobierno de Gordon Brown no supo reaccionar acertadamente frente a la crisis y que, encima, adoptó medias erróneas para contener sus consecuencias. Frente a esta creencia tan extendida, los laboristas (ahora en la oposición), no han sabido ofrecer una narrativa coherente ni argumentos sólidos para contrarrestar las críticas. De hecho, como muy acertadamente apunta hoy Maurice Glasman (asesor de Miliband y cerebro del “Blue Labour”) en la versión online de “New Statesman”:

Parece no haber [entre los laboristas] ningún tipo de estrategia, ningún tipo de narrativa y muy poca energía. Viejas caras de la era Brown todavía dominan el “shadow cabinet” [la oposición] y parecen obsesionados en defender lo que los laboristas han hecho. Pero lo están explicando mal: dicen que ellos no gastaron tanto dinero y que, si estuvieran ahora gobernando, harían menos recortes y de forma mucho menos drástica. Ahora bien, no entran en detalle, ni dicen cómo exactamente lo harían.

Estos laboristas, aparentemente, pretenden ganar las próximas elecciones gracias a todos aquellos demócratas liberales que se sienten decepcionados y los trabajadores públicos. Pero por el momento no han ganado, ni existe el menor indicio de que puedan ganar, en un debate económico. No se ha articulado una alternativa constructiva, ni se ha intentado repensar la relación que debe existir entre el Estado, los mercados y la sociedad. El mundo parece ir a la deriva, pero los laboristas no damos la imagen de estar a la altura de las circunstancias.

No es una visión aislada dentro del partido. A principios de diciembre algunos asesores destacados del Partido Laborista hicieron público un panfleto en donde exigían que Miliband “dejase de centrar todas sus energías en atacar los recortes promovidos por los conservadores en el 2010 y focalizase sus esfuerzos en conseguir restaurar la credibilidad del partido laborista en temas económicos y fiscales”.No se trataba de criticar sin piedad las medidas adoptadas por el gobierno de Gordon Brown, sino de reconocer sin tapujos que “las medidas que Gordon Brown propuso eran sensatas en teoría, pero fueron imprecisas y demasiado vagas en la práctica”.

No sólo era una cuestión de responsabilidad ideológica, también había cierto cálculo electoral en esta reflexión. Porque, según algunas encuestas, se ha confirmado que los británicos comprenden que las medidas adoptadas por el gobierno del actual Primer Ministro Cameron para contener el déficit son necesarias. Además, consideran que la crisis que se vive el país se debe a las situación del euro, a la herencia de los laboristas y al comportamiento irresponsable de los bancos, más que a las acciones emprendidas por David Cameron. Por tanto, insistir en que los recortes son malos (y no aportar nada más) no sólo no estaba dinamitando la popularidad de los conservadores, sino que estaba dañando la credibilidad de los laboristas, al entenderse que éstos tan sólo estaban escurriendo el bulto y eludiendo sus responsabilidades. 

2. En lo bueno y en lo malo. En base a todos estos argumentos, Miliband ha reconocido hoy que el laborismo debe revisar algunas de sus premisas, sobre todo en temas fiscales. “Debemos demostrar que el laborismo es un partido para todas las épocas, no sólo para las de bonanza económica”, ha defendido. 

Cada vez que los laboristas hemos ganado unas elecciones, lo hemos hecho cuando la economía iba bien: cuando los emprendedores podían crear beneficios, cuando las compañías sabían que había mercados para sus productos y consumidores dispuestos a comprar. Esa economía en crecimiento significaba que teníamos más recursos en las arcas públicas que podíamos invertir en infraestructuras, en ayudar a las familias trabajadoras y en proteger a los más vulnerables en nuestro país.

La próxima vez que volvamos al poder será diferente. Tendremos que gestionar el déficit. Tendremos que tomar decisiones difíciles que todos desearíamos no tener que tomar. Así que lo que tenemos que hacer es repensar cómo conseguir una distribución justa y equitativa en un período en que habrá menos dinero que emplear.

3. Una hoja de ruta (ideológica) coherente. El punto de inflexión que ha propuesto Miliband (alejarse de la ortodoxia que dice que todo gasto público es bueno) no parece, sin embargo, una renuncia de los prelados esenciales del laborismo. Para que quede claro, ha dicho que todos sus esfuerzos irán encaminados a cumplir tres objetivos básicos:

“Primero, reformar nuestra economía para que podamos establecer una estrategia de crecimiento sostenible a largo plazo cuyos beneficios sean repartidos injustamente. Segundo, actuar contra intereses aislados que amenazan los estándares de vida de las familias. Y, tercero, adoptar decisiones que favorezcan a la mayoría, a las personas que trabajan duramente”.

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Archivado bajo comunicación, Hablar mejor en público, liderazgo

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