La resurrección de Rubalcaba y la defunción del PSC

Comenzó nervioso, titubeante e inseguro. Frases poco trabajadas, conceptos vagos. No había relato, no había pasión. Era la imagen de un profesor recitando una vez más la lección que, de tan aprendida que la tiene, le da hasta tirria tener que volver a repetirla. Pero luego le salió la garra. Le salió le coraje y la determinación. Arremetió con frases contundentes, se despachó a gusto con referencias que sin ser explícitas dejaban clara su intención y envió dardos dialécticos contra algunos que en los últimos días le han tachado de todo menos de guapo. Incluso se atrevió a sacar algún conejo de la chistera y desveló su intención de revisar el Concordato con la Santa Sede, una idea sorprendente, inesperada (creo que incluso poco meditada y no del todo plausible) y que consiguió arrancar el aplauso más sonoro que le propinó el público.

Regresó el gran prestidigitador. Regresó Rubalcaba.

Acto seguido de su intervención, Chacón ocupó el estrado. También nerviosa, aunque visiblemente emocionada. Comienza mal. Y sigue peor. Tono estridente, chillidos sin sentido, quiebros de voz continuos y un lenguaje corporal que, más que  transmitir confianza, hablaba de agresividad. Su equipo de asesores de imagen se ha equivocado de pleno con el discurso y, sobre todo, con la puesta en escena. Intentaron vender a una Obama y se han quedado con un versión descafeinada del peor Zapatero. Si la campaña se había basado en ofrecer un supuesto punto y aparte de lo acontecido hasta ahora en el partido, ayer  demostraron que tan sólo podían aportar más de lo mismo. Es cierto que el recurso a la frase fácil y las recurrencias típicas para arengar a las bases está muy bien para arrancar aplausos a los acólitos más entregados, pero no sirve para convencer a un círculo más amplio. Y aquí precisamente estaba el “quid” de la cuestión: saber quién podía llegar más allá de la base de militantes. Que esos ya votan al partido. O, al menos, eso se supone.

Los errores de Chacón

Había que liberarse de la principal herencia del zapaterismo (y aquí me refiero solo y estrictamente al campo de la comunicación política, que el legado en otros cambios es dolorosamente obvio): versarlo todo en la política de la imagen, la photo-op, la frase rápida y el alejamiento de cualquier pensamiento elaborado que sonase a intelectualidad. La estrategia de preferir carnets antes que currículums. Es decir, obediencia antes que inteligencia.

Se tenía que decir adiós a la política de “sound bite” y a la preeminencia del estilo (cualquiera que fuese) por encima de la substancia. Y Carme (o Carmen) Chacón demostró ayer que, a pesar de prometer el cambio, era solamente el producto de unos cuantos asesores trasnochados y que no podía ofrecer nada más que una flamante sonrisa y unos discursos incendiarios.

Chacón ha caído en un error que le ha costado caro: se ha vendido como la cara de la renovación ideológica sin explicitar qué renovación ideológica proponía (más allá de algunas referencias vagas), se ha quedado con el eslogan fácil y, sobre todo, ha dicho en todo momento lo que la audiencia quería oír. Y algunas audiencias querían cosas distintas a otras. Con lo que al final, más que proponerse como una candidata sólida, con principios firmes e ideas claras, daba la impresión de ser una persona desdibujada, demasiado preocupada por encajar en todas partes y sin preocuparse en lo más mínimo por ofrecer una imagen coherente. Lo de renunciar a su catalanidad, decir ahora que estaba a favor de la Sentencia del Estatuto (y repetir hasta la saciedad que no fue a la manifestación contra dicha Sentencia) y, encima, atacar el Pacto Fiscal para contentar a algunos fue, cuando menos, lamentable. Asuntos tan importantes para Cataluña no deberían despacharse de forma tan banal y poco rigurosa. Se puede estar o no a favor del Pacto Fiscal (reconozco que yo estoy cada vez más a favor) y se puede estar o no a favor de la Sentencia del Estatuto (a mí me pareció, directamente, insultante y fui a la manifestación para quejarme), pero como mínimo deberíamos exigir un debate sosegado sobre ambas cuestiones. No cuatro frases rápidas y argumentos cutres. Que aquí nos jugamos mucho.

Chacón ha caído en el error de creer que podía simplemente con una buena (sic) estrategia de marketing. Durante los últimos días ha seguido al pie de la letra un plan de comunicación política perfectamente orquestrado para hacer creer que estaba desafiando los pronósticos y generando un “movimiento por el cambio” imparable. Por lo que he leído hoy, hasta Zapatero (discretamente) movió hilos para que su mejor discípula se hiciera con el poder. Pero surgió la vieja guardia y dijo basta. Felipe González y Alfonso Guerra decidieron que ya habían aguantado demasiadas tonterías y cogieron el teléfono. El viernes por la noche, los politonos debieron echar humo. Nadie iba a echar por la borda su obra, que bastantes descalabros se han vivido ya por hacer demasiado caso a algunos iluminados de corte sectario. Así que convencieron a algunos e hicieron unas cuantas sumas. Y con 22 votos de margen lo dejaron todo atado.

El fin del PSC

Cuando se proclamó el ganador, Pere Navarro, recientemente escogido Secretario General del PSC, se debió quedar blanco. Rompiendo la tradición de que el PSC no se casaba con nadie antes de los Congresos y siguiendo un impulso visceral poco inteligente, había dicho públicamente hacía días que todos los delegados del PSC iban a apoyar a Chacón. Nota al pie: viva la democracia interna y la libertad de juicio (esto es irónico, por supuesto). Me ha quedado claro una vez más que el PSC de un tiempo a esta parte tan sólo sale actuar en una óptica “monolítica” donde no caben discrepancias internas. Es decir: o estás con la manada o estás en contra de ellos. Así de “plurales” se las venden.

Chacón habrá perdido la batalla por la Secretaría General, pero el gran derrotado sin paliativos ha sido el PSC. A falta de un proyecto sólido, a falta de un líder carismático, a falta de autocrítica, a falta de dosis importantes de humildad por parte de la cúpula, a falta de coherencia, hoy hay que añadir que, encima, les falta capacidad de trazar estrategias. El PSOE sobrevivirá, pero el PSC, si sigue así, acabará desapareciendo.

Más allá de Rubalcaba

Un último apunte. Rubalcaba merecía ganar. Por trayectoria, por coherencia, por preparación, por currículum y, si me lo permitís, hasta por elegancia. Que fue él, al fin y al cabo, quien aceptó hacerse el haraquiri para guardar los muebles.

Ahora bien, Rubalcaba no representa el futuro. Representa una transición que ha ganado tiempo y que ahora se podrá hacer con cierta tranquilidad y sentido común. Porque las heridas del PSOE no se cierran en dos días de Congreso, ni mucho menos. El descalabro ha sido demasiado importante como para sanar tan rápido. Y el divorcio con la ciudadanía todavía es excesivo. Se necesita una reflexión en profundidad en muchos niveles, se necesita (y cómo) revisar las formas de actuar. Y Rubalcaba es en estos momentos quien mejor puede pilotar la travesía en el desierto.

No comparto con él su visión de España, pero reconozco que, cuando menos, ha sido claro en sus propuestas y que con él, al menos, sabemos a lo que nos atenemos.

Deja un comentario

Archivado bajo comunicación, Hablar mejor en público, liderazgo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s