La euforia de la derrota

[Nota: Ayer este blog batió un récord de visitas. Unas 400 personas lo visitasteis. Hoy ya vamos por las 380. Os quiero dar las gracias a todos por seguir el blog. Os lo agradezco de veras]. 

Una vez concluido el escrutinio en Andalucía ayer se sucedieron dos imágenes sorprendentes. Javier Arenas (PP) sale al balcón – rostro abatido, puro gesto de desolación y al borde de las lágrimas – para decir que había ganado las elecciones. Minutos más tarde, Juan José Griñán (PSOE) comparece  delante de los medios –con una sonrisa enorme y rodeado de mujeres que no podían disimular su alegría- para reconocer que había perdido.

No, no es una incongruencia. Se llama instinto de supervivencia.  

EL PSOE andaluz ayer, y por primera vez en la historia democrática contemporánea, perdió las elecciones autonómicas. Pero gobernará gracias al apoyo de Izquierda Unida, la cual esta vez no optará por la “pinza extremeña” aunque tampoco creo que ofrecerá un cheque en blanco.

Griñán puede, desde luego, sonreír hasta que le duela la mandíbula. Porque, contra todo pronóstico y desafiando todos los augurios (incluidos los vertidos por su propio partido), se mantendrá en el cargo de Presidente de la Junta. Y, además, como todos los medios de comunicación se están esforzando en recordar, ha parado la ola arrolladora del PP en un momento en que ya nos creíamos que habría un maremoto azul sempiterno.

Ahora bien, una vez superada la descarga de adrenalina de los primeros minutos, debemos reconocer que la situación real no da pie a tantas alegrías socialistas como se podría pensar.

1. Lo que sucedió ayer, a mi juicio, fue el resultado de un espejismo. Es cierto: todas las encuestas vaticinaban una contundente y cómoda victoria por mayoría absoluta del PP ayer en Andalucía. Tan sólo la del CIS dejó entrever que quizás no iba a ser tan holgada y sencilla de conseguir como todos presagiaban. Pero nadie pareció hacerle demasiado caso.

Es también cierto: el PP se sentía muy fuerte después de haber arrasado en las municipales y en las generales. En mayo del 2011, cuando se celebraron en toda España las elecciones municipales, el PP consiguió en Andalucía 300.000 votos más que los socialistas (1.603.746 votos en total; el PSOE obtuvo 1.312.844). Meses más tarde, en ocasión de las Elecciones Generales, el PP volvió a arrasar, sacándole 9 puntos de ventaja al PSOE y superándole por 400.000 votos (el PP consiguió entonces 1.982.000 votos). ¿Por qué no iba a continuar la tendencia también en las autonómicas? El PP se creyó su propio sueño de conseguir la Junta de Andalucía por mayoría absoluta. La imagen de un PSOE hundido, el 31% de paro (el paro juvenil roza el 50%), los escándalos de corrupción sobre la gestión de los ERE…Desde luego, era ahora o (quizás) nunca. Y ahora no será.

 

Ahora bien, mirando datos, había una tendencia que no se supo valorar del todo: la gran subida (espectacular) de votos del PP en Andalucía no se había producido en estas dos citas electorales, sino unos años antes. En las autonómicas andaluzas del 2008, el PP había obtenido 1.730.154 votos (subía un 21%). En comparación, las cifras de las municipales ya supusieron una pérdida de casi 100.000 votos. Ahora se han quedado en 1.567.207, casi 200.000 votos por debajo que en las autonómicas del 2008. Es decir, los votantes del PP en Andalucía fluctúan mucho y no había nada que garantizase realmente una mayoría absoluta tan cómoda como nos hicieron creer.

 

Hay quien achaca este resultado a una mala campaña del candidato del PP, Javier Arenas. Otros comentan hoy directamente su arrogancia al no querer participar en el debate que organizó Canal Sur. Yo creo, simplemente, que se siguió una campaña de manual que dice que, cuando todo indica que vas a ganar cómodamente, no te expongas demasiado no sea que cometas fallos y pierdas votos. Es una postura defensiva que, a los que nos apasionan las campañas nos aburre profundamente, pero que (seamos sinceros), funciona en la gran mayoría de los casos (la campaña de Rajoy en las generales es un buen ejemplo).

 

2. Grinán debería tener muy presente la sangría continua de votos. Gobernará, sin duda, pero la pérdida de votos del PSOE andaluz es para hacérselo mirar con lupa. En las autonómicas andaluzas del 2008, el PSOE consiguió 2.178.296 votos (un 3,6% menos que en las del 2004, por cierto). Ahora han sacado 1.523.465; es decir, unos 650.000 votos menos que en el 2008.

 

Si lo comparamos con otras citas electorales, tampoco el resultado es para tirar cohetes. Es cierto que recupera votos respecto a las municipales del 2011 (unos 200.000), pero ha perdido unos 67.000 respecto a las últimas elecciones celebradas (las generales españolas de noviembre, donde ya se había llevado un tremendo varapalo).

 

3. Aún aceptando que el PSOE en Andalucía haya batido expectativas, el éxito en todo caso se debe única y exclusivamente a Griñán, no a Ferraz. A Griñán le han dejado más solo que la una. No me atrevo a decir si es por rencillas no superadas (Griñán prestó su apoyo explícito a Carme Chacón) o porque los mandamases del partido estaban tan convencidos de que la derrota iba a ser estrepitosa que prefirieron alejarse de la batalla en un intento bastante lamentable por evitar que les salpicara demasiado la sangre.

 

En todo caso, viendo los resultados, Elena Valenciano no tardó ni un segundo en salir a la palestra y capitalizar los resultados como una victoria de todo el partido. Hasta llegó a decir algo así como que “el PP es una flecha que parecía que iba hacia arriba, pero va hacia abajo”. La frase, todo hay que decirlo, es un tanto hiperbólica, pero en fin, nos tendremos que ir acostumbrando a la “contundencia” y “vehemencia” con la que la Sra. Valenciano adorna sus discursos. Además, tendremos que perdonárselo: con el subidón de saber que el PSOE seguía en la Junta, seguramente no se habría percatado de que, por primera vez, nos guste o no, el PP había ganado en Andalucía.

 

Lo que más me ha sorprendido, sin embargo, es el paso más allá que ha dado Rubalcaba. Creía que pondría un punto de humildad a todo el asunto y que sacaría pecho, sí, pero solo hasta cierto punto. Pero no. Ayer, según él, “inauguramos una nueva etapa”. Hubo un punto de inflexión. El PP se puede vencer y España está dispuesta a pararle los pies. Bravo.

 

Insisto: o el PSOE cambia su estrategia comunicativa, o Rajoy puede respirar tranquilo. Nadie le quitará la Moncloa en mucho tiempo.

4. Hay un dato que a mí me ha dejado perpleja. Más allá de los resultados, la tasa de abstención fue altísima. Si quieren un titular, ése es.

 

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