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Francia 1 -España 0

Cuando los dos moderadores pusieron punto y final al debate ayer en Francia, aquí todos (sin excepción) asentimos: nos había parecido un debate fabuloso, con ideas, argumentos, propuestas y cifras. Y sin leer papeles en ningún momento, por cierto. Se habían contrastado dos modelos, cruzado críticas inteligentes y lanzado dardos dialécticos potentes. Había habido ironía, incluso cierto sarcasmo, la oratoria fluía y, aunque es cierto que las interrupciones entre ellos eran continuas, pensábamos que en general el nivel había sido altísimo. Una demostración de savoire faire que evidenciaba una cultura política, como la francesa, a la que aquí (y con toda la razón) reverenciamos. No es de extrañar, por tanto, que el comentario más asiduo en Twitter fuese precisamente: ¿por qué nosotros no tenemos debates así aquí?

Bien, cual ha sido mi sorpresa hoy cuando en la prensa francesa, de elogios, pocos. Más bien críticas al ambiente “tenso”, “áspero” y “crispado” que, según ellos, presidió el encuentro. No es una opinión aislada: “The Guardian” en el Reino Unido también considera que ha sido el debate más “agresivo” que se recuerda en los últimos treinta años y arremete contra el tono “excesivamente técnico” que reinó en todo momento. El alemán “Der Spiegel”  apunta en la misma línea y la BBC se ha descolgado con que “Sarkozy y Hollande se insultaron continuamente” y ha resaltado que hubo “momentos de cólera” donde los candidatos se acusaron de mentir.

Conclusión: qué mal debemos estar en España a nivel de cultura política cuando un debate que no ha despertado excesivas alabanzas aquí lo hemos ensalzado como modelo. Y qué poca altura intelectual y escaso fuste personal deben tener la mayoría (aunque no todos) de nuestros políticos cuando hemos salivado con envidia sana frente al ejemplo de dos candidatos que, tan sólo alargando la semántica, se pueden considerar auténticos estadistas.

Que estamos a años luz de lo que se supone que debería imperar en la esfera política es hoy, una vez más, dolorosamente evidente. Y obviamente preocupante.

Siempre he creído que en este país hemos pasado de los pesos pesados en la política (en prácticamente todos los partidos) a auténticos pesos pluma en un lapso muy breve de tiempo. Hay excepciones, por supuesto.  Afortunadamente siguen habiendo personas que merecen nuestra confianza, que tienen rigor y aplomo, valentía, tesón, determinación y una visión clara, aunque reconozco con pesar que desgraciadamente son eso: excepciones.

Volviendo al debate en cuestión, ¿hubo algún claro vencedor?

La respuesta es no, aunque hay que matizar. Según una encuesta hecha pública hace tan sólo unas horas y realizada por el instituto LH2:

►François Hollande ha resultado más convincente, serio y, sobre todo, sincero que Sarkozy.

►También el candidato francés ha sido valorado como el “más próximo a las preocupaciones de los votantes”, sobre todo en lo que respecta a la defensa de la educación y los derechos sociales.

►Ahora bien, Sarkozy gana en cuanto a “credibilidad” se refiere y también dio la imagen de ser “más competente” que el candidato socialista.

►En general, Sarkozy ofreció una imagen más “presidencial” que Hollande.

Es decir, el debate quedó en tablas. Ahora bien, hemos de tener en cuenta un elemento muy importante en todo debate electoral: la lucha de las expectativas. Y ahí Hollande ganó claramente porque demostró más solidez y firmeza de la que muchos esperaban y no cedió un ápice frente a los intentos de Sarkozy por desestabilizarlo. De hecho, el candidato socialista sorprendió a propios y extraños con un estilo combativo y un alud de argumentos y cifras que no daban pie a la tregua.

Y es que ése debía ser el objetivo: aguantar los envites y demostrar substancia. Sobre todo, demostrar substancia. Porque Hollande podrá ser percibido por muchos como el mesías que espera Europa, pero eran también numerosos los que se cuestionaba si una persona sin experiencia gubernamental notable podía hacerse cargo del país en unos momentos tan difíciles. Ahí estaba el quid: demostrar que dominaba los temas, que tenía un conocimiento pormenorizado de todo lo que acontece al país y, sobre todo, vencer en el juego de las expectativas y dejar claro que, sí, dialécticamente podía aguantar a “SuperSarko”.  Como Manuel Valls, Director de Comunicación de la campaña de Hollande, reconoció justo después del debate:

“Nicolás Sarkozy creía que lo iba a pulverizar, pero ha comprobado rápidamente que tenía delante de él una persona carácter y espíritu combativo”.

Gerard Courtois, director editorial de “Le Monde”, apunta en la misma dirección:

« Ayer Sarkozy necesitaba claramente demostrar que Hollande era demasiado flojo, demasiado “fuyant” (huidizo, disperso), demasiado poco experimentado para dirigir el país. Sarkozy necesitaba desestabilizar a Hollande, pero no lo consiguió “. 

Sarkozy intentó la técnica que tan bien le funcionó con Royale: pinchar al oponente para crisparle y, una vez caldeado el ambiente, surgir él como una voz de moderación y colocar una frase lapidaria incontestable. Bien, esta vez el tiro le salió por la culata: pinchó y crispó, es cierto, pero de moderación esta vez nada y no fue capaz de lanzar mensajes contundentes. Con excepción de unos pocos momentos puntuales, fue bastante a remolque y todos sus argumentos eran auto-justificativos. Al final, más que establecer una hoja de ruta para sacar al país del atolladero (y a Europa del abismo), tan sólo pareció una sombra de sí mismo que luchaba por defender una gestión en la que pocos en su país parecen creer. 

Para acabar, un apunte más que preocupante. Hoy son pocos en la prensa española los que destacan un hecho que a mí me dejó bastante estupefacta: Zapatero fue nombrado en más ocasiones que Merkel, y no precisamente para bien. De hecho, ambos candidatos se esforzaron repetidamente por alejarse lo máximo posible del ex-Presidente del Gobierno español. Sarkozy le echó en cara a Hollande que Zapatero es socialista y Hollande replicó a Sarkozy que él había puesto a Zapatero de ejemplo en numerosas ocasiones.

No soy, ni mucho menos, de las que defienden a Zapatero. De hecho, soy sumamente crítica con su gestión de la economía y no tan sólo en el segundo mandato. Creo que cometió numerosos errores, que actuó con irresponsabilidad en muchos frentes, que dio una lección de cobardía al no reconocer la crisis y que erró, vaya si erró, al prometer a bombo y platillo que su segunda legislatura sería “la del pleno empleo”. Zapatero nos dejó al borde del precipicio en lo que a economía se refiere. Y, sin duda lo más curioso, más que atacar los males del país con políticas keynesianas y apostar por soluciones socialdemócratas, se decantó en los últimos años por políticas de claro corte neoliberal que no hicieron sino agravar todos los males. Para echar más leña al fuego, incluso se atrevió a cambiar de la noche a la mañana la Constitución, sin un debate pormenorizado y siguiendo a pies juntillas los dictados del BCE, que se ve que ahora puede recomendar cambios institucionales.

Insisto: no soy precisamente una fan suya. Ahora bien, que en un país extranjero se ataque virulentamente a un ex-Presidente del Gobierno español tampoco me parece de recibo. Aunque solo sea por respeto institucional, se deberían mantener las formas y no emplear a un político democrático extranjero como “carnaza electoral”.

Más allá de este punto en concreto, los esfuerzos que ambos candidatos destinaron para alejarse al máximo del modelo español sólo apunta en un sentido: que en Francia ven a España como un país, no ya en graves aprietos, sino directamente para el desguace. Así nos va.

 

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Esto empieza de verdad

Pistoletazo de salida a la campaña norteamericana. La semana que viene se colgará un documental en Internet de 17 minutos sobre la administración Obama. De momento, y para ir calentando motores, ya se ha publicado el trailer.

La campaña, no obstante, no se ha quedado ahí. Ayer mismo se publicaba un vídeo para recordar que hace cinco años, todo empezaba. Ahora, ha de continuar.

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Obama contraataca

No lo tendrá del todo fácil, es cierto. Pero ganará. Al fin y al cabo, nadie domina mejor que él el arte de las campañas. Y nadie parece controlar mejor la estrategia que su equipo de brillantes asesores. Para prueba, esta última semana. Y es que en los últimos días Obama ha demostrado que, sea quien sea finalmente su rival, no teme la batalla y está dispuesto a emplear toda la artillería para repetir en el cargo. Además, los Republicanos parecen empeñados en regalarle oportunidades. Y él está dispuesto a aprovecharlas. Las claves de esta semana:

1. El ultraconservador Rush Limbaugh le ha puesto en bandeja millones de votos. En un programa de radio, el candidato republicano Limbaugh se despachaba a gusto contra las personas que están a favor del aborto e incluso, en plena euforia de adrenalina, acusaba a una estudiante de Georgetown, Sandra Fluke, de ser una “prostituta” por defender que los seguros sanitarios incluyesen la cobertura de medidas contraceptivas. Inmediatamente destacados miembros del Partido Republicano salieron a contradecirle y dejar claro que el comentario, no sólo era “insultante”, sino que no reflejaba el sentimiento del partido. Pero el daño estaba hecho. Las mujeres son un target de votantes sumamente importante. De hecho, en el año 2008, representaron el 53% total de votos (y se decantaron claramente por Obama). Ahora mismo, si tomamos tan solo al grupo de mujeres que se consideran políticamente independientes, comprobamos que el 53% ven favorablemente a Obama, mientras que sólo el 25% tiene una buena opinión de Romney. Si quieren ganar, los Republicanos tienen que ganarse el voto de las mujeres y, desde luego, con exabruptos zafios como el propinado por Limbaugh esta semana no ayudan demasiado a conseguirlo.

Por cierto, Obama se apresuró a llamar por teléfono a Sandra Fluke y ofrecerle todo su apoyo.  Y no dudó en salir a la palestra y a hablar de los derechos de las mujeres.

2. Obama sabe a quien defender y a quien atacar. Y cómo hacerlo. Mientras los republicanos se esfuerzan por atacarse sin piedad los unos a los otros (el tono negativo es la norma y los anuncios televisivos son puro insulto), Obama se está centrando en quien realmente importa: los ciudadanos. El martes, mientras los republicanos se batían en duelo en Michigan, Obama se dirigía a una asociación de trabajadores del automóvil para recordarles los éxitos que ha conseguido su Administración en materia económica. Después, dirigió su ira hacia las compañías petrolíferas y ahora se está centrando en atacar a todos los grupos conservadores que están sufragando los gastos del Tea Party.

Puede que la gente no esté del todo convencida de sus logros como Presidente, pero esta semana ha quedado claro que Obama se ha esforzado al máximo y que, si no ha conseguido más, es por que otros (los republicanos) no le han dejado hacerlo.

Esta semana, Obama ha vuelto a ser Obama.

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Para hablar mejor: tres libros recomendables y uno más imprescindible

Voy a deciros la verdad. Sin duda alguna, el mejor libro que se ha publicado para hablar mejor en público (y en privado) se escribió hace más de cincuenta años. Se trata de “Public Speaking for Success” de Dale Carnegie (existe la traducción en castellano). A partir de entonces, todos los libros para hablar mejor simplemente han resumido este libro y, por tanto, es bastante complicado encontrar algo realmente original que complemente los postulados de esta obra clásica.

Ahora bien, si sois de los que no os quedáis con una sola versión y preferís tomar un par de fuentes para comparar, contrarrestar y contrastar, os dejo una muy particular selección de libros que a mí me han gustado. Prometo hacer un post de cada uno de ellos para que los conozcáis un poco más y luego decidáis si vale invertir en ellos el tiempo de lectura:

 1. “Made to Stick” de Chip Heath y Dan Heath.

No está centrado en dominar el arte de la oratoria, pero su lectura es imprescindible para comprender porqué algunos mensajes sobreviven y triunfan y otros, simplemente, son olvidados al momento.

 

 

2. “Influence: Science and Practice” de Robert Cialdini.

Uno de mis libros favoritos y la pesadilla de mis alumnos (lo recomiendo a todas horas). Cialdini, psicólogo de formación y reconocido como uno de los mayores expertos mundiales en liderazgo, explica en este libro las “siete armas de la persuasión”. Aviso: una sabia combinación de estas siete armas puede hacerte persuadir a cualquiera.

3. “The Reagan Persuasion”, de James Humes.

Sin duda, Ronald Reagan fue uno de los mejores oradores de la historia. Por algo su apodo era precisamente “el gran Comunicador”. En este libro se nos dan las claves para llegar a hablar y persuadir como él.

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La resurrección de Rubalcaba y la defunción del PSC

Comenzó nervioso, titubeante e inseguro. Frases poco trabajadas, conceptos vagos. No había relato, no había pasión. Era la imagen de un profesor recitando una vez más la lección que, de tan aprendida que la tiene, le da hasta tirria tener que volver a repetirla. Pero luego le salió la garra. Le salió le coraje y la determinación. Arremetió con frases contundentes, se despachó a gusto con referencias que sin ser explícitas dejaban clara su intención y envió dardos dialécticos contra algunos que en los últimos días le han tachado de todo menos de guapo. Incluso se atrevió a sacar algún conejo de la chistera y desveló su intención de revisar el Concordato con la Santa Sede, una idea sorprendente, inesperada (creo que incluso poco meditada y no del todo plausible) y que consiguió arrancar el aplauso más sonoro que le propinó el público.

Regresó el gran prestidigitador. Regresó Rubalcaba.

Acto seguido de su intervención, Chacón ocupó el estrado. También nerviosa, aunque visiblemente emocionada. Comienza mal. Y sigue peor. Tono estridente, chillidos sin sentido, quiebros de voz continuos y un lenguaje corporal que, más que  transmitir confianza, hablaba de agresividad. Su equipo de asesores de imagen se ha equivocado de pleno con el discurso y, sobre todo, con la puesta en escena. Intentaron vender a una Obama y se han quedado con un versión descafeinada del peor Zapatero. Si la campaña se había basado en ofrecer un supuesto punto y aparte de lo acontecido hasta ahora en el partido, ayer  demostraron que tan sólo podían aportar más de lo mismo. Es cierto que el recurso a la frase fácil y las recurrencias típicas para arengar a las bases está muy bien para arrancar aplausos a los acólitos más entregados, pero no sirve para convencer a un círculo más amplio. Y aquí precisamente estaba el “quid” de la cuestión: saber quién podía llegar más allá de la base de militantes. Que esos ya votan al partido. O, al menos, eso se supone.

Los errores de Chacón

Había que liberarse de la principal herencia del zapaterismo (y aquí me refiero solo y estrictamente al campo de la comunicación política, que el legado en otros cambios es dolorosamente obvio): versarlo todo en la política de la imagen, la photo-op, la frase rápida y el alejamiento de cualquier pensamiento elaborado que sonase a intelectualidad. La estrategia de preferir carnets antes que currículums. Es decir, obediencia antes que inteligencia.

Se tenía que decir adiós a la política de “sound bite” y a la preeminencia del estilo (cualquiera que fuese) por encima de la substancia. Y Carme (o Carmen) Chacón demostró ayer que, a pesar de prometer el cambio, era solamente el producto de unos cuantos asesores trasnochados y que no podía ofrecer nada más que una flamante sonrisa y unos discursos incendiarios.

Chacón ha caído en un error que le ha costado caro: se ha vendido como la cara de la renovación ideológica sin explicitar qué renovación ideológica proponía (más allá de algunas referencias vagas), se ha quedado con el eslogan fácil y, sobre todo, ha dicho en todo momento lo que la audiencia quería oír. Y algunas audiencias querían cosas distintas a otras. Con lo que al final, más que proponerse como una candidata sólida, con principios firmes e ideas claras, daba la impresión de ser una persona desdibujada, demasiado preocupada por encajar en todas partes y sin preocuparse en lo más mínimo por ofrecer una imagen coherente. Lo de renunciar a su catalanidad, decir ahora que estaba a favor de la Sentencia del Estatuto (y repetir hasta la saciedad que no fue a la manifestación contra dicha Sentencia) y, encima, atacar el Pacto Fiscal para contentar a algunos fue, cuando menos, lamentable. Asuntos tan importantes para Cataluña no deberían despacharse de forma tan banal y poco rigurosa. Se puede estar o no a favor del Pacto Fiscal (reconozco que yo estoy cada vez más a favor) y se puede estar o no a favor de la Sentencia del Estatuto (a mí me pareció, directamente, insultante y fui a la manifestación para quejarme), pero como mínimo deberíamos exigir un debate sosegado sobre ambas cuestiones. No cuatro frases rápidas y argumentos cutres. Que aquí nos jugamos mucho.

Chacón ha caído en el error de creer que podía simplemente con una buena (sic) estrategia de marketing. Durante los últimos días ha seguido al pie de la letra un plan de comunicación política perfectamente orquestrado para hacer creer que estaba desafiando los pronósticos y generando un “movimiento por el cambio” imparable. Por lo que he leído hoy, hasta Zapatero (discretamente) movió hilos para que su mejor discípula se hiciera con el poder. Pero surgió la vieja guardia y dijo basta. Felipe González y Alfonso Guerra decidieron que ya habían aguantado demasiadas tonterías y cogieron el teléfono. El viernes por la noche, los politonos debieron echar humo. Nadie iba a echar por la borda su obra, que bastantes descalabros se han vivido ya por hacer demasiado caso a algunos iluminados de corte sectario. Así que convencieron a algunos e hicieron unas cuantas sumas. Y con 22 votos de margen lo dejaron todo atado.

El fin del PSC

Cuando se proclamó el ganador, Pere Navarro, recientemente escogido Secretario General del PSC, se debió quedar blanco. Rompiendo la tradición de que el PSC no se casaba con nadie antes de los Congresos y siguiendo un impulso visceral poco inteligente, había dicho públicamente hacía días que todos los delegados del PSC iban a apoyar a Chacón. Nota al pie: viva la democracia interna y la libertad de juicio (esto es irónico, por supuesto). Me ha quedado claro una vez más que el PSC de un tiempo a esta parte tan sólo sale actuar en una óptica “monolítica” donde no caben discrepancias internas. Es decir: o estás con la manada o estás en contra de ellos. Así de “plurales” se las venden.

Chacón habrá perdido la batalla por la Secretaría General, pero el gran derrotado sin paliativos ha sido el PSC. A falta de un proyecto sólido, a falta de un líder carismático, a falta de autocrítica, a falta de dosis importantes de humildad por parte de la cúpula, a falta de coherencia, hoy hay que añadir que, encima, les falta capacidad de trazar estrategias. El PSOE sobrevivirá, pero el PSC, si sigue así, acabará desapareciendo.

Más allá de Rubalcaba

Un último apunte. Rubalcaba merecía ganar. Por trayectoria, por coherencia, por preparación, por currículum y, si me lo permitís, hasta por elegancia. Que fue él, al fin y al cabo, quien aceptó hacerse el haraquiri para guardar los muebles.

Ahora bien, Rubalcaba no representa el futuro. Representa una transición que ha ganado tiempo y que ahora se podrá hacer con cierta tranquilidad y sentido común. Porque las heridas del PSOE no se cierran en dos días de Congreso, ni mucho menos. El descalabro ha sido demasiado importante como para sanar tan rápido. Y el divorcio con la ciudadanía todavía es excesivo. Se necesita una reflexión en profundidad en muchos niveles, se necesita (y cómo) revisar las formas de actuar. Y Rubalcaba es en estos momentos quien mejor puede pilotar la travesía en el desierto.

No comparto con él su visión de España, pero reconozco que, cuando menos, ha sido claro en sus propuestas y que con él, al menos, sabemos a lo que nos atenemos.

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The State of the Union: Hoy es el gran día (Parte II)

Es para quitarse el sombrero. Lo que han hecho el equipo de la Casa Blanca alrededor del discurso del Estado de la Unión es, sin duda, de matrícula de honor. Uno de los mejores ejemplos de comunicación política que he visto en mucho tiempo y todo un recital de profesionalidad, eficiencia, rigurosidad, inteligencia y buen hacer. Así da gusto.

Para empezar, no sólo han centrado sus esfuerzos en redactar el discurso (que estoy segura que será muy bueno). Están dominando el “tempo” y generando expectación gracias a un vídeo online en donde el Presidente Obama desvela las principales líneas maestras de su intervención y anima a todos los espectadores a ver el “State of the Union” con conocidos, amigos y vecinos y generar así una conversación sobre los retos del país y cómo Obama puede dar respuesta a los problemas más acuciantes. El vídeo es, como ya nos vienen acostumbrando el equipo de la Casa Blanca, de una elegancia sublime: las frases cortas, los conceptos claros, la entonación perfecta, la iluminación tamizada, el atrezzo perfecto. La bandera norteamericana de fondo, perfectamente compensada con notas de color en la corbata de Obama y en el propio traje del Presidente, para que se note que está, pero no eclipse. Nada sobra. Nada falta. Visualmente impactante.

Ha habido más vídeos interesantes. Sin duda, uno de los mejores para “calentar el ambiente”, ha sido el que han realizado para dejar que veamos cómo ha preparado el discurso. Una joya, sin ninguna duda. Y una oportunidad única para que comprendamos la dificultad que implica ponerse a escribir un discurso de este tipo. Insisto: una joya.

Los buenos ejemplos no se detienen ahí. Se ha puesto en funcionamiento un apartado propio dentro de la web de la Casa Blanca para transmitir en directo el discurso, pero de forma “enhanced”, es decir, mejorada: junto a la imagen del Presidente se irán sucediendo gráficos e infográficos para sustentar los principales mensajes y dar más contundencia y legitimidad a las propuestas y argumentos. Ya lo hicieron el año pasado con el Estado de la Unión (os dejo el vídeo) y también cuando el Presidente Obama pronunció otro gran discurso, sobre economía y generación de empleo.

La página web, por cierto, es de gran calidad: sencilla de leer (de un vistazo captas los principales mensajes), sin cargar a la vista, pero completa, detallada y llena de posibilidades para interactuar con los ciudadanos norteamericanos. Se ha trabajado mucho este aspecto: el de hablar con la gente. De hecho, la página permite que cualquiera pueda dejar sus comentarios y también lanzar preguntas al Presidente.

Al mismo tiempo, la página web recoge un apartado sumamente interesante: todo lo que el Presidente se comprometió a hacer el año pasado en el “Estado de la Unión” del 2011 y cómo lo ha conseguido. Para reforzar la idea, además, se ha lanzado (¡cómo no!) un vídeo para repasar los principales logros del Presidente en los últimos doce meses.

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The State of the Union: Hoy es el gran día (parte I)

Retoques, puntualizaciones, modificaciones, cambios de último segundo, más retoques. Nervios y adrenalina. Calibra esa frase, sopesa ese verbo, modula ese adverbio, atenúa esa expresión. Hoy no se puede fallar. Los gestos, la entonación, la pasión, la emotividad, el tono, el suspense, los silencios. Todo se ha de estudiar, todo ha de parecer natural, todo ha de ser perfecto.

Y es que hoy es el gran día. Hoy es el día del Discurso del “State of the Union” en Estados Unidos. Es decir, el día en que Obama se juega millones de votos. De su actuación hoy puede volver a resurgir en las encuestas o retroceder peligrosamente en su carrera a la re-elección. Demasiado en liza como para improvisar en lo más mínimo.

El mensaje

Obama habla con su jefe de speechwriting, Jon Favreau

Desde la Casa Blanca llevan días calentado motores y dosificando cuidadosamente mensajes. Ya sabemos, por ejemplo, que el discurso se centrará en la substancia, que va a haber propuestas concretas y que va a recurrir a la fórmula de “compare and contrast” (comparar y contrastar) para subrayar las diferencias con los Republicanos y dejar claro así que es él quien mejor puede llevar el timón en un momento en que la nave parece todavía ir a la deriva (o, al menos, eso piensan muchos).

El mensaje central: que el Gobierno tiene un papel clave en la gestión de la economía, que el libre albedrío de los mercados sin control y la codicia de las grandes corporaciones tiene serias consecuencias y que la política puede emplearse para promover una sociedad más equitativa y próspera. Nada de dejar a sus compatriotas a su suerte, ni de olvidarse de los más desfavorecidos. Frente a un Partido Republicano que defiende que, cuanto menos injerencia por parte de las administraciones públicas, mejor, porque toda acción del Gobierno es negativa, Obama va a arremeter con fuerza en su reivindicación de que más que un grupo de individuos aislados, Estados Unidos sigue siendo una sociedad y que como tal ha de actuar.

Desde la Casa Blanca glosan toda esta idea en un sencillo pero poderoso eslogan: “An America Built to Last”, algo así como “Una América construida para durar”. Y es que, frente a especulaciones peligrosas y vaivenes intempestivos de los mercados, frente al egoísmo de algunos y las derivas simplonas de otros, América tiene que reforzar sus pilares, fortalecer sus bases, recordar que todos tienen una responsabilidad respecto a los demás y que nadie se puede quedar atrás. Sólo así se puede avanzar. Sólo así se puede construir un futuro que pueda perdurar.

“An America Built to Last” es más que una fórmula retórica elegante. Resume bien toda una filosofía, por no decir que es breve, sencillo de recordar, rezuma optimismo y advierte (aunque de soslayo) lo que en Estados Unidos se denomina un “call to action”, una llamada a la acción.

Además, parece funcionar. En los últimos meses, el Presidente ha estado ensayando esta fórmula frente a diferentes auditorios. Y parece que este tono “populista”, salpicado con datos y aderezado con propuestas concretas, es en donde se siente más cómodo. La Casa Blanca ha colgado en YouTube un vídeo magnífico con retazos de un discurso que Obama pronunció recientemente en Kansas y en donde se prueban los nuevos elementos discursivos. Me ha recordado al “It’s Morning Again in América” de Reagan, por la importancia de las imágenes de ciudadanos. Sin duda, es un vídeo de una gran calidad (de hecho, en cuanto lo ves te dan ganas de ir a votar). Según algunos asesores del Presidente, el discurso de hoy del “State of the Union” seguirá bastante el guión de esta intervención hecha apenas hace un mes.

Probando un nuevo discurso

Como se ve en el vídeo, Obama lleva un mes probando un nuevo discurso en el que aúna un recuento de todo lo que ha hecho y una renovada ilusión por los años venideros.

El Presidente comienza ahora sus discursos recordando los valores que inspiraron la campaña del 2008:

“Estoy aquí no sólo porque yo necesite vuestra ayuda; estoy aquí porque el país necesita vuestra ayuda.

Hubo una razón por la que muchos de vosotros participasteis en la campaña del 2008, por la que os dejasteis la piel. Y no fue porque pensabais que iba a ser fácil. Lo hicisteis porque entendisteis que la campaña no era sobre mí. Era sobre una visión que compartíais por América. Una visión que decía que en América tú no sólo miras por ti mismo y que las grandes corporaciones no sólo deberían regirse por sus propios intereses. Era una visión grande y compasiva y audaz que decía que, en América, si te esfuerzas, puedes tener una oportunidad. Puedes tener una oportunidad de salir adelante. No importa donde hayas nacido. No importa cuál sea el color de tu piel. No importa cual sea tu nombre. Si estás dispuesto a trabajar duro, si tienes talento, si tienes una idea, si estás motivado, lo puedes hacer.

Era una visión que decía que valemos más si trabajamos juntos que si sólo miramos cada uno por nuestro lado. Que cuando todos tenemos una oportunidad, cuando todos colaboramos, cuando todos aportamos, cuando todos nos regimos por las mismas reglas, entonces todos estamos mejor. Todos lo podemos hacer mejor”.

A continuación recuerda que, sí, los esfuerzos han dado su fruto: “Prometimos traer el cambio. Hemos empezado a ver cómo es el cambio. El cambio es… (y aquí enumeró todos sus éxitos, como el rescate de la industria automovilística, la reforma de la sanidad o el fin de la guerra de Irak)”.

Renglón seguido, avanzó nuevas iniciativas “para ayudar a los americanos”, como deducciones fiscales a aquellas empresas que, en vez de externalizar puestos de trabajo al extranjero, apuesten por crear empleos en el país.

Para acabar, arremete contra los Republicanos:

“La competición por nuevos trabajos, por las empresas, por la seguridad de la clase media, ésa es la batalla que sé que podemos ganar. Pero América no va a ganar si permitimos que triunfen aquellos que creen que sólo podemos responder a los retos con la misma cantarina antigua: recortar impuestos que no lo necesitan y que no lo están pidiendo, dejar que las compañías hagan lo que quieran y esperar que la prosperidad surja de la nada y se genere sola. Esto no funciona”.

La pregunta ahora es: ¿servirá este nuevo claim por el futuro para superar el sentimiento de decepción que está tan extendido entre el electorado? Obama sabe que se enfrenta a una ardua tarea: ha de saber vender lo que ha hecho y proyectar ilusión para los años venideros. Si en el 2008 generó un “movement” lleno de esperanza, a día de hoy sabe que no ha cumplido todas las expectativas. La economía todavía está débil, el nivel de paro es del 8,5% (allí esto se considera ya excesivo), la sombra de una nueva recesión sigue acechando amenazante y el electorado no atisba signos excesivos de mejora.

Ahora bien, si alguien puede desafiar a los malos augurios y remontar situaciones que parecen imposibles, desde luego, es él.

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