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Para los verdaderos héroes, ahora comienza la batalla

Esto es luchar. Esto es vencer. Esto es no rendirse. Esto es desafiar a las adversidades.  Esto es no conformarse. Esto es valentía. Esto es coraje y determinación. Esto es marcarse metas y alcanzarlas. Esto es marcarse nuevos retos y conseguirlos. Esto es decir no a todos aquellos que te dicen que no podrás. Esto es decir sí a todos aquellos que te animan. Esto es no tener miedo a soñar. Esto es dar ejemplo. Esto es dar esperanzas. Esto es generar ilusión.

Esto es ser un auténtico héroe.

Muchas gracias de todo corazón a todos ellos y a todas ellas.

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Rigor

En la semana en que el Gobierno de España adopta el paquete de medidas de austeridad más draconiano de la historia de la democracia.

La semana en que hemos visto cómo se vilipendia y castiga a territorios que están haciendo los deberes, cómo se fustiga sin más a sectores económicos estratégicos y cómo se merman nuestras posibilidades de desarrollo.

La semana en que el sector cultural ha sido atacado (aunque algunos lo duden: la cultura es clave para la dinamización económica).

La semana en que se ha lanzado una reforma electoral encubierta y se ha puesto en marcha un plan para recentralizar España a través de las Diputaciones.

La semana, en resumen, en que hemos recibido pruebas fehacientes de que ya no estamos al borde del precipicio sino cayendo inexorablemente al abismo.

En esta semana ha habido gente en este país cuyo único interés parece haber sido debatir sobre el coeficiente intelectual de Andrea Fabra.

Quiero que quede claro: el comportamiento de esta señora me parece lamentable, antidemocrático y contrario a las más mínimas y elementales normas de educación. Decir que no tendría que haber dicho lo que dijo me parece tan obvio que no merece mayor apunte. Y que encima ni siquiera haya pedido perdón y haya ido de víctima me resulta, por decirlo suavemente, surrealista.

También quiero que quede claro: desgraciadamente, los exabruptos y los insultos son habituales en el Congreso y no todos proceden del PP. Tuve la ocasión de escuchar una vez a una persona de otro grupo político que hasta se  jactaba por lanzar improperios altisonantes en medio de la Cámara. Y, lo que era peor, las personas que estaban escuchando tal despropósito en aquella conversación incluso lo aplaudían exaltadamente.

Esto de “si es de los míos, no importa” y “si lo han hecho los demás, ensañémonos” me resulta insufrible e hipócrita. Los insultos son siempre reprobables, siempre. Aquí no vale el doble rasero.

Tercera idea: que en medio de la que está cayendo haya quien tan sólo esté preocupado por salvar los muebles, lanzar mensajes incendiarios en Twitter e intentar convencer al personal de que la situación actual es fruto tan sólo de las decisiones adoptadas en los últimos meses,  me produce repugnancia.

Que en medio de la que está cayendo se pida al líder de la oposición “confrontación” en los términos que se le pidió, me produce hastío.

Y que haya alguien que piense que, porque en mayo del 2010 se aplaudió menos, las medidas que se adoptaron entonces fueron menos dolorosas, me produce consternación (sí, también se aplaudió; el vídeo está en Youtube por si lo quieren comprobar).

Simplemente enarbolando la bandera de “nosotros somos malos pero los otros más” no (insisto, no) se ayuda a España a salir de la crisis.

Para acabar: que estamos en una situación que tan solo se puede describir como de emergencia, no se puede poner en duda. Lamentablemente, creo que hay muchas personas en el Congreso (no todas, afortunadamente) que no son conscientes de la gravedad extrema por las que estamos pasando.

Frente a tal situación hay que tomar decisiones más que difíciles. Esto no quiere decir que nos agrade el paquete de medidas que ha impulsado el Gobierno. Yo, de hecho, soy muy crítica con muchas de las medidas que ha adoptado en esta semana el gobierno del Sr. Rajoy, porque creo que no ayudarán a generar crecimiento y que agravaran muchos problemas más que resolverlos. Ahora bien, defiendo que ahora más que nunca se necesitan debates de verdad. Debates en profundidad. Con argumentos, con ideas, con datos, con rigor y responsabilidad.

Sobre todo, con responsabilidad.

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Un triunfo histórico que puede acabar en derrota electoral

Al conocer la noticia, Obama se ha puesto eufórico. Algunos de sus asesores, sin embargo, se han llevado las manos a la cabeza. Y no precisamente para expresar su alborozo y júbilo al conocer que la Corte Suprema de los Estados Unidos declaraba que la reforma sanitaria que aprobó el Presidente hace ya dos años es constitucional. Más bien, todo lo contrario.

A pesar de la incongruencia, todos tenían motivos para justificar sus estados de ánimo.

El hombre que ha hecho historia

El Presidente Obama tenía motivos de sobra para dar saltos de alegría. Y no ha ocultado ni un ápice su satisfacción y orgullo cuando, minutos después de conocerse la noticia, ha comparecido ante los medios. con una flamante sonrisa ha sentenciado que “lo de hoy es una victoria para todas las personas de este país”.

Desde luego, mirando los datos, es un triunfo histórico.

Estados Unidos es el país que más gasta en sanidad de todo el mundo. Cada año se gasta 2,6 trillones de dólares (8.402 $ por persona), lo que representa el 17,9% de toda la economía americana.

♦ Ahora bien, tiene uno de los sistemas sanitarios más ineficientes de entre los países desarrollados: de los 34 miembros de la OCDE, es el número 31 en cobertura sanitaria a la población. Porque, de los más de 310 millones de estadounidenses, 50 siguen sin tener seguro médico. 

 Esto es más que una fría estadística. Se calcula que 45.000 estadounidenses mueren cada año por no tener un seguro médico. 

La reforma sanitaria de Obama (el “Obamacare”), que fue aprovada por el Presidente el 23 de marzo del 2010 después de una de las batallas políticas más encarnizadas que se recuerdan, tampoco es que fuera la panacea. Pero suponía un paso adelante muy importante: preveía ampliar la cobertura sanitaria a 30 millones de personas (20 millones seguirían sin). ¿Cómo? La ley establece la creación de una especie de “aseguradoras público-privadas” donde las familias con rentas de hasta 90.000$ al año podrán adquirir seguros a precios subvencionados por el gobierno. Además, todas las familias con rentas inferiores a 30.000$ (el 133% del umbral de pobreza en EUA) pasarán a beneficiarse del “Medicaid”.

Los avances no se detienen ahí. El “Obamacare” pone fin a prácticas injustas por parte de las aseguradoras privadas. Por ejemplo, en estos momentos, muchas aseguradoras se niegan a cubrir a mujeres que hayan tenido una cesárea o que hayan sido víctimas de la violencia de género. Por no decir que es una práctica común que las mujeres paguen más por sus seguros que los hombres simplemente por el hecho biológico de ser mujeres (hasta un 150% más). Todo esto será prohibido, y con toda la razón del mundo, cuando la ley entre completamente en vigor en el 2014 (de momento sólo se están aplicando algunas cláusulas).

La reelección en juego

Si la Ley de la Reforma Sanitaria supone un paso adelante, ¿por qué algunos asesores de Obama están tan preocupados?

Bien, la razón principal es que la ley incluye los denominados “individual mandates”. La mayoría de los estadounidenses están “obligados” a adquirir un seguro médico de aquí al 2014. Si no lo hacen, tendrán que pagar una sanción. En el 2014, la sanción será de 95 $ o el 1% de los ingresos (cualquiera que sea mayor). En el 2016, será de 695$ o el 2,5% de los ingresos. Los inmigrantes ilegales, los más pobres, los indios americanos, algunos grupos religiosos y los presos estarán exentos de pagar esta “multa”.

La constitucionalidad o no de estos “individual mandates”, de hecho, era hoy uno de los grandes puntos en juego. Los republicanos llevan dos años bramando que son “impuestos” y que “limitan la libertad” de las personas, al no dejarles decidir libremente. Pero hoy la Corte Suprema (por 5 votos a favor y 4 en contra) ha dicho que, política aparte, sí son constitucionales.

Más allá de las implicaciones prácticas que estos “mandates” tendrán, la batalla política está servida. Y las posibilidades de que Obama sea reelegido están en juego. Según una encuesta de Ipsos para Reuters hecha pública el domingo, el 61% de los estadounidenses se oponen a ellos y tan sólo el 39% están a favor. 

Pero, lo que es peor (para Obama): muchos estadounidenses remiten su aprobación de la ley en su conjunto a este punto específico. Porque, de hecho, parece ser que es uno de los pocos aspectos de la ley que conocen.

Diferentes encuestas ofrecen un panorama desolador para los que confiaban hoy que la aprobación de constitucionalidad de la ley supondría un salto adelante en las posibilidades de Obama de ser reelegido:

 Cuando la ley fue inicialmente aprobada (en el 2010), el 60% de los estadounidenses se mostraban contrarios a ella. La gran mayoría era porque la consideraban “poco ambiciosa”. Hay que apuntar, no obstante, que el 52% reconocían en aquel momento que “no tenían suficiente información sobre cómo la ley les iba a afectar”.

♦ A día de hoy, esta tendencia de opinión se mantiene intacta. Aunque una aplastante mayoría (más del 80%) reconoce estar totalmente a favor de poner fin a las prácticas discriminatorias de las aseguradoras, y aprueban otras medidas concretas contempladas en la ley el 56% de los norteamericanos siegue en contra de la reforma sanitaria.

 Lo más preocupante para Obama: el 73% de los que se consideran políticamente “independientes” (y que tienen la llave de las elecciones) también se oponen al Obamacare. La mitad porque consideran que atenta contra la libertad de las empresas; la otra mitad considera que la ley no servirá para atajar el problema de la sanidad y que sus propuestas se han quedado excesivamente cortas.

Los asesores de Obama tenían razón al llevarse las manos a la cabeza.

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La guerra de los sesenta segundos (y los mil millones de dólares)

El martes Mitt Romney consiguió (ahora sí, definitivamente) la nominación republicana para luchar por la Casa Blanca. Bien, ya tenemos rival oficial de Obama, y desde luego las cosas, de momento, no pintan del todo bien para el Presidente. Según diversas informaciones del Washington Post:

♦La semana pasada, Gallup daba un empate entre Obama y Romney. Ambos conseguirían el 46% de votos en estos momentos.

♦Aún peor: según una encuesta hoy de NBC News/Marist, ambos están empatados en tres estados clave: Iowa, Colorado y Nevada. Recordemos que Obama consiguió estos tres estados en el 2008 (aunque, todo hay que decirlo, George W. Bush también los consiguió en el 2004). Dato interesante de la encuesta: los entrevistados consideran que “lo peor de la crisis económica ya ha pasado”, pero cree que el país sigue yendo por el mal camino y se observa una ligera ventaja de Romney en temas económicos.

♦Más malas noticias: la semana pasada, otra encuesta de Marist tan sólo otorgaba una ligerísima ventaja a Obama en otros tres estados también claves: Florida, Ohio y Virginia.

Su rival, desde luego, no se lo va a poner fácil a Obama. Además, como bien decía Winston Churchill, “hay que distinguir entre los rivales y los enemigos”. Y el enemigo más peligroso a día de hoy del Presidente no está haciendo mítines, ni saliendo en la televisión, ni acaba de ganar la nominación republicana.

De hecho, es publicista y se llama Larry McCarthy. A su haber: fue el cerebro del spot sobre Willie Horton que encumbró a Bush padre en 1988. El Sr. McCarthy ha unido sus fuerzas con Karl Rove, el genial estratega republicano que orquestó las victorias de George W. Bush y que todavía a día de hoy, mal que nos pese, es una de las mentes más brillantes que hay en el tablero de juego político norteamericano.

Sin duda conforman el “dream team” de los asesores de campaña y, por ende, la pesadilla más temida por el equipo rival. Su gran fuerza: son auténticos genios de la comunicación política. Verdaderos titanes. Nada de groserías altisonantes si no vienen a cuento, ni mucho menos gritos histéricos o comentarios zafios. Su método es más sibilino, pero mucho más letal. Se trata de clavar una pequeña y aparentemente inocua, aunque mortal, aguja directamente en la yugular. Vaya, que más que vociferar arengas radicales, estos dos son capaces de administrar cicuta con una sonrisa.

Sus otras dos grandes bazas (sobre todo de Rove): en estrategia es buenísimo y en captación de fondos, aún mejor. No hay dato, por nimio que parezca, que se le escape. Escudriña encuestas con ojo avizor y, en donde otros no ven más que cifras inconexas, él sabe destilar información y construir hojas de ruta exitosas. Tanto se fía de la investigación que ni una sola palabra se puede escribir de un script sin que se haya antes diseccionado a la perfección la psique de los votantes potenciales. Que siempre hay demasiado en juego y nada puede fallar.

El problema para Obama (por añadir otro), es que Rove y McCarthy vienen con las pilas cargadas y las alforjas llenas y no han titubeado un solo segundo a la hora de destinar la astronómica cifra de mil millones de dólares para destronar a Obama. (Puntualizo: mil millones sólo en publicidad).

El miércoles pasado días se lanzó un primer “media blitz” en 10 estados clave con un anuncio más que interesante: “Basketball”. El anuncio en sí y su lanzamiento costaron 25 millones de dólares.

Que Obama es un político que despierta simpatías es algo de sobras conocido (cae bien incluso a muchos republicanos). Por tanto, atacarle por el mero hecho de atacarle podría resultar contraproducente para los republicanos, porque podría desencadenar un sentimiento de solidaridad hacia el Presidente. Además, no hay que hacer ningún sondeo de opinión para saber que los norteamericanos están más que hartos del tono excesivamente negativo que está presidiendo esta campaña.

Ahora bien, los republicanos tenían que echarle en cara al Presidente muchos (supuestos) errores de su administración para que la opinión pública se centrara en que “Obama no ha estado a la altura de todas las expectativas que generó y, por tanto, me ha decepcionado” en vez de pivotar entorno a la frase “Mitt Romney no me gusta”.

 

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Obama busca slogan mientras las cosas se le complican

Tal y como el periodista Donovan Slack, de Politico, había comentado hace unos días, el equipo de Obama estaba teniendo bastantes problemas para encontrar un eslogan para la campaña.

Y es que, después del electrizante “Change We Can Believe In” (y el omnipresente “Yes We Can”)  que consiguieron movilizarnos y entusiasmarnos en el 2008, sin duda resulta más que difícil dar de nuevo con otra gran frase breve, directa, fácil de recordar y con un mensaje poderoso. Se han probado hasta la fecha diferentes frases, algunas con más fortuna que otras, pero todas descartadas ya:Winning the future”, “We can’t wait”, “An America Built to Last”, “An Economy Built to Last”, “A Fair Shot”.  Ninguna acaba de funcionar del todo, básicamente porque ninguna condensa todo lo que Obama representa, ha hecho y puede seguir aportando. Además,  ninguna de estas frases tiene fuerza simbólica porque todas remiten al pasado, son frases  a la defensiva y no sirven de “call to action”. Vaya, que no te animan a ir a votar, mucho menos te incitan a implicarte en la campaña.

El tema en sí preocupa porque este sábado comienza oficialmente la campaña de Obama (sí, en serio, hasta ahora sólo era un calentamiento). El sábado el Presidente dará dos mítines (uno en Ohio y otro en Virginia) y se supone que ya se debería tener una frase que explique qué se ha hecho, qué se hará de cara al futuro y que consiga ilusionar de nuevo.

Parece que el escogido finalmente será: “Forward” (hacia delante). Los pros: es sencillo, contundente y aporta un punto de optimismo. Demuestra que con Obama, y pese a los obstáculos, el país ha avanzado. La contra: es excesivamente ambiguo y puede ser utilizado en su contra. Además, mucha gente seguramente no lo percibirá como creíble. A mí, personalmente, no me acaba de gustar.

Quizás con la intención de dar contenido sustantivo a un concepto tan genérico como “hacia delante” es, el equipo de Obama lanzó el lunes 30 de marzo un vídeo online de 7 minutos de duración donde da cuenta de todos los retos ingentes con los que se encontró el Presidente al tomar posesión y explica cómo, con tesón y determinación, ha lanzado iniciativas valientes para ayudar a quienes peor lo están pasando. Todo ello, claro está, mientras el Congreso norteamericano (capitaneado por los republicanos) tan sólo boicoteaba por activa y por pasiva cada una de sus propuestas y se aferraba por defender a ultranza, y le costase al país lo que le costase, los derechos de los más poderosos.

El vídeo sigue la línea argumental que ya vimos en “The Road We’ve Travelled”, el magnífico documental de 15 minutos sobre la administración Obama que se lanzó hace un par de meses, pero no tiene, ni por asomo, su fuerza ni vitalidad. Es cierto que centra bien los mensajes y es también cierto que comienza tensionando al espectador, pero pronto entra en un ritmo aburrido y previsible. Los siete minutos, de hecho, se hacen muy largos (dudo que haya mucha gente que llegue al final).

¿Cómo han respondido los republicanos?

La verdad es que parece que los republicanos han decidido aprovechar el slogan demócrata a su favor. Así, inmediatamente después de que el vídeo “Forward” se colgase en Internet, el RNC (Comité Nacional Republicano) creaba un hashtag en Twitter (#Forward) que pronto se convirtió en Trending Topic en Estados Unidos. Obviamente, aquí más que cantar las alabanzas de Obama, se desmontan con tono irónico todos los supuestos logros del Presidente. Uno de los más retwiteados:

“Under Obama’s budget, Americans can look #FORWARD to $1,9 trillion in higher taxes”.

 

Ahí es nada. Por si no fuera poco, los republicanos han colgado un vídeo en YouTube demostrando que, con Obama, más que hacia adelante (forward) el país, según ellos, va hacia atrás (backward):

Por su parte, el candidato republicano a la Casa Blanca, Mitt Romney, no tardó en colgar un vídeo titulado “Broken Promises” en donde, en tan sólo un minuto, criticaba sin piedad todos los avances logrados por Obama.

¿Servirá todos estos esfuerzos para decantar la balanza electoral?

El camino de Obama a la reelección va a ser más difícil de lo que cabría esperar. Es cierto que el nivel de aprobación del Presidente ha resurgido poco a poco en los últimos meses. Si en verano se situaba en un peligroso 41%, ahora está en el 47%. Es, de hecho, el nivel más alto desde el mayo del año pasado, cuando se anunció la muerte de Bin Laden (entonces llegó al 50%).

Ahora bien, este avance en su popularidad no se está traduciendo en un avance en las encuestas de intención de voto. De hecho, a mediados de abril y según una encuesta de CBS News/New York Times, Mitt Romney y Obama estan empatados en intención de voto (ambos recibían el 46% de apoyo entre los votantes registrados). Esto supone un pequeño (y preocupante) cambio de tendencia, ya que las encuestas de marzo situaban a Obama ligeramente por delante (47% de apoyo frente al 44% recabado por Romney).

Hoy empieza, de verdad, la campaña. Habrá que ver cómo evoluciona.

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Francia 1 -España 0

Cuando los dos moderadores pusieron punto y final al debate ayer en Francia, aquí todos (sin excepción) asentimos: nos había parecido un debate fabuloso, con ideas, argumentos, propuestas y cifras. Y sin leer papeles en ningún momento, por cierto. Se habían contrastado dos modelos, cruzado críticas inteligentes y lanzado dardos dialécticos potentes. Había habido ironía, incluso cierto sarcasmo, la oratoria fluía y, aunque es cierto que las interrupciones entre ellos eran continuas, pensábamos que en general el nivel había sido altísimo. Una demostración de savoire faire que evidenciaba una cultura política, como la francesa, a la que aquí (y con toda la razón) reverenciamos. No es de extrañar, por tanto, que el comentario más asiduo en Twitter fuese precisamente: ¿por qué nosotros no tenemos debates así aquí?

Bien, cual ha sido mi sorpresa hoy cuando en la prensa francesa, de elogios, pocos. Más bien críticas al ambiente “tenso”, “áspero” y “crispado” que, según ellos, presidió el encuentro. No es una opinión aislada: “The Guardian” en el Reino Unido también considera que ha sido el debate más “agresivo” que se recuerda en los últimos treinta años y arremete contra el tono “excesivamente técnico” que reinó en todo momento. El alemán “Der Spiegel”  apunta en la misma línea y la BBC se ha descolgado con que “Sarkozy y Hollande se insultaron continuamente” y ha resaltado que hubo “momentos de cólera” donde los candidatos se acusaron de mentir.

Conclusión: qué mal debemos estar en España a nivel de cultura política cuando un debate que no ha despertado excesivas alabanzas aquí lo hemos ensalzado como modelo. Y qué poca altura intelectual y escaso fuste personal deben tener la mayoría (aunque no todos) de nuestros políticos cuando hemos salivado con envidia sana frente al ejemplo de dos candidatos que, tan sólo alargando la semántica, se pueden considerar auténticos estadistas.

Que estamos a años luz de lo que se supone que debería imperar en la esfera política es hoy, una vez más, dolorosamente evidente. Y obviamente preocupante.

Siempre he creído que en este país hemos pasado de los pesos pesados en la política (en prácticamente todos los partidos) a auténticos pesos pluma en un lapso muy breve de tiempo. Hay excepciones, por supuesto.  Afortunadamente siguen habiendo personas que merecen nuestra confianza, que tienen rigor y aplomo, valentía, tesón, determinación y una visión clara, aunque reconozco con pesar que desgraciadamente son eso: excepciones.

Volviendo al debate en cuestión, ¿hubo algún claro vencedor?

La respuesta es no, aunque hay que matizar. Según una encuesta hecha pública hace tan sólo unas horas y realizada por el instituto LH2:

►François Hollande ha resultado más convincente, serio y, sobre todo, sincero que Sarkozy.

►También el candidato francés ha sido valorado como el “más próximo a las preocupaciones de los votantes”, sobre todo en lo que respecta a la defensa de la educación y los derechos sociales.

►Ahora bien, Sarkozy gana en cuanto a “credibilidad” se refiere y también dio la imagen de ser “más competente” que el candidato socialista.

►En general, Sarkozy ofreció una imagen más “presidencial” que Hollande.

Es decir, el debate quedó en tablas. Ahora bien, hemos de tener en cuenta un elemento muy importante en todo debate electoral: la lucha de las expectativas. Y ahí Hollande ganó claramente porque demostró más solidez y firmeza de la que muchos esperaban y no cedió un ápice frente a los intentos de Sarkozy por desestabilizarlo. De hecho, el candidato socialista sorprendió a propios y extraños con un estilo combativo y un alud de argumentos y cifras que no daban pie a la tregua.

Y es que ése debía ser el objetivo: aguantar los envites y demostrar substancia. Sobre todo, demostrar substancia. Porque Hollande podrá ser percibido por muchos como el mesías que espera Europa, pero eran también numerosos los que se cuestionaba si una persona sin experiencia gubernamental notable podía hacerse cargo del país en unos momentos tan difíciles. Ahí estaba el quid: demostrar que dominaba los temas, que tenía un conocimiento pormenorizado de todo lo que acontece al país y, sobre todo, vencer en el juego de las expectativas y dejar claro que, sí, dialécticamente podía aguantar a “SuperSarko”.  Como Manuel Valls, Director de Comunicación de la campaña de Hollande, reconoció justo después del debate:

“Nicolás Sarkozy creía que lo iba a pulverizar, pero ha comprobado rápidamente que tenía delante de él una persona carácter y espíritu combativo”.

Gerard Courtois, director editorial de “Le Monde”, apunta en la misma dirección:

« Ayer Sarkozy necesitaba claramente demostrar que Hollande era demasiado flojo, demasiado “fuyant” (huidizo, disperso), demasiado poco experimentado para dirigir el país. Sarkozy necesitaba desestabilizar a Hollande, pero no lo consiguió “. 

Sarkozy intentó la técnica que tan bien le funcionó con Royale: pinchar al oponente para crisparle y, una vez caldeado el ambiente, surgir él como una voz de moderación y colocar una frase lapidaria incontestable. Bien, esta vez el tiro le salió por la culata: pinchó y crispó, es cierto, pero de moderación esta vez nada y no fue capaz de lanzar mensajes contundentes. Con excepción de unos pocos momentos puntuales, fue bastante a remolque y todos sus argumentos eran auto-justificativos. Al final, más que establecer una hoja de ruta para sacar al país del atolladero (y a Europa del abismo), tan sólo pareció una sombra de sí mismo que luchaba por defender una gestión en la que pocos en su país parecen creer. 

Para acabar, un apunte más que preocupante. Hoy son pocos en la prensa española los que destacan un hecho que a mí me dejó bastante estupefacta: Zapatero fue nombrado en más ocasiones que Merkel, y no precisamente para bien. De hecho, ambos candidatos se esforzaron repetidamente por alejarse lo máximo posible del ex-Presidente del Gobierno español. Sarkozy le echó en cara a Hollande que Zapatero es socialista y Hollande replicó a Sarkozy que él había puesto a Zapatero de ejemplo en numerosas ocasiones.

No soy, ni mucho menos, de las que defienden a Zapatero. De hecho, soy sumamente crítica con su gestión de la economía y no tan sólo en el segundo mandato. Creo que cometió numerosos errores, que actuó con irresponsabilidad en muchos frentes, que dio una lección de cobardía al no reconocer la crisis y que erró, vaya si erró, al prometer a bombo y platillo que su segunda legislatura sería “la del pleno empleo”. Zapatero nos dejó al borde del precipicio en lo que a economía se refiere. Y, sin duda lo más curioso, más que atacar los males del país con políticas keynesianas y apostar por soluciones socialdemócratas, se decantó en los últimos años por políticas de claro corte neoliberal que no hicieron sino agravar todos los males. Para echar más leña al fuego, incluso se atrevió a cambiar de la noche a la mañana la Constitución, sin un debate pormenorizado y siguiendo a pies juntillas los dictados del BCE, que se ve que ahora puede recomendar cambios institucionales.

Insisto: no soy precisamente una fan suya. Ahora bien, que en un país extranjero se ataque virulentamente a un ex-Presidente del Gobierno español tampoco me parece de recibo. Aunque solo sea por respeto institucional, se deberían mantener las formas y no emplear a un político democrático extranjero como “carnaza electoral”.

Más allá de este punto en concreto, los esfuerzos que ambos candidatos destinaron para alejarse al máximo del modelo español sólo apunta en un sentido: que en Francia ven a España como un país, no ya en graves aprietos, sino directamente para el desguace. Así nos va.

 

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Francia, ¿camino del cambio?

Parecía, más que una noche electoral más, un auténtico plebiscito sobre el futuro de Europa. Al menos, esa era la sensación a tenor de la cobertura mediática y la atención que la primera vuelta de las presidenciales francesas despertó ayer. Medios de comunicación en Bélgica y Suiza hicieron sondeos a pie de urna en Francia, Twitter comentaba los resultados en varios idiomas y los periódicos estadounidenses, británicos y, sobre todo, alemanes no escatimaron recursos para relatar al detalle todo lo que sucedía al minuto. Al final, cuando se cerraron los colegios electorales y se comenzó el recuento de votos, ya llevábamos tanto tiempo recibiendo información y previsiones que todos esperábamos que simplemente se certificara el resultado pronosticado de antemano y que ya ocupaba todas las portadas de diario.

Pero no, hubo sorpresas. Y algunas dejaron un regusto más que amargo.

¿Victoria socialista o derrota de Sarkozy?

Es cierto que se cumplieron todas las quinielas en cuanto a que François Hollande se hizo con la victoria. Consiguió el 28,6% de los votos mientras que Sarkozy se quedó en segundo lugar con el 27,2%. De hecho, Sarkozy es el primer Presidente en funciones que pierde la primera vuelta de unas elecciones presidenciales desde que se inauguró la V República Francesa en 1958 (Giscard d’Estaigne ganó la primera vuelta en 1981 aunque perdió en la segunda frente a Mitterrand).

Todos los medios de comunicación hablan de “Referéndum contra Sarkozy” y de “voto de castigo” contra el actual Presidente. No en vano, según una encuesta de IPSOS sobre la intención de voto realizada entre el 19 y el 21 de abril, el 53% de los votantes reconocían ya que “iban a votar en contra de Sarkozy”.

Siendo ecuánimes, no obstante, hay que reconocer que la remontada de Sarkozy en las encuestas en los últimos meses ha sido espectacular y también sin precedentes. De hecho, la diferencia entre el Partido Socialista y la UMP ayer fue tan solo de 560.000 votos y el 27,2% de los votos cosechados por Sarkozy es mejor que el que obtuvo Jacques Chirac en la primera vuelta del 2002 (19,9% de los votos).

Entre la admiración y la estupefacción (y honda preocupación)

Bien, Hollande gana el primer round, tal como se había previsto. Pero lo previsible acabó aquí.

La primera sorpresa vino de la mano de un hecho agradable (y ejemplar). A pesar de que los franceses habían reconocido que esta campaña les aburría y no les despertaba el más mínimo interés, la participación fue altísima, de más del 80%. Es cierto que es ligeramente inferior a la registrada en el 2007 (cuando Sarkozy derrotó a Royal), pero si obviamos esta fecha, la tasa de participación de ayer sería la más elevada desde 1981.

La segunda sorpresa no fue agradable. De hecho, fue más que preocupante. La extrema derecha experimentó su mejor resultado que se recuerda: Marine Le Pen se hizo con el 17,9% de los votos, superando así  incluso al resultado que obtuvo su padre, Jean-Marie, en el 2002 (17%). Recordemos que en el 2002 y contra todo pronóstico Jean-Marie Le Pen se hizo con el segundo lugar en la primera vuelta (superó a los socialistas capitaneados por Lionel Jospin) lo que provocó una inmensa conmoción en toda Europa. Ahora su hija no se ha hecho con el segundo lugar, pero en sus electores parece estar la clave de la segunda vuelta.

Tercera sorpresa: en el flanco de izquierdas, Jean-Luc Mélenchon, del Front de Gauche, se tenía que conformar con un resultado más discreto de lo que las encuestas auguraban. Se quedó en el cuarto puesto y el 11,1% del total de votos (se esperaban el 15%). Mirando el vaso medio lleno: es el mejor resultado que obtienen los comunistas en 30 años (aunque lejos del 15,35% de los votos que obtuvo Georges Marchais en 1981). Mirando el vaso medio vacío: se esperaba mucho, muchísimo más. Mélenchon domina la oratoria, a todas luces ha sido quien mejor campaña ha hecho y en los últimos días el número de asistentes a sus mítines no paraba de incrementarse. Todo pronosticaba una gran victoria y, frente a las expectativas, el resultado final ha sabido a poco.

Los invisibles alzan su voz

Nadie lo había anticipado. El auge del voto a la extrema derecha ha sorprendido tanto como ha preocupado. “La Francia de los invisibles”, como la ha denominado “Le Monde”, ha sido sin duda la gran protagonista de estas elecciones.

Es cierto, todo hay que decirlo, que algunos académicos (como los sociólogos Philippe Guibert y François Miquet-Marty) ya habían advertido que había un fenómeno latente que había que monitorear con detenimiento. Es el de la “France périphérique”, un grupo demográfico situado sobre todo en el mundo rural y en los suburbios urbanos, que padecen mayores tasas de paro e ingresos substancialmente inferiores a la media. Son personas de entre 25 y 44 años, fundamentalmente “obreros” cuyas máximas preocupaciones son (por este orden): la inmigración, la seguridad y el poder adquisitivo.

Según un brillante análisis hoy en “Le Monde”, este grupo representa aproximadamente al 40% del electorado y no se reconocen ni de derechas ni de izquierdas.

 “Para estos “invisibles” solo hay dos posibilidades: o la abstención masiva o el voto al “Front national” [el partido de Le Pen]. Ya se había notado el poder de atracción de Marine Le Pen sobre este electorado, pero también se había constatado que el voto al FN no sólo era un voto de castigo o de advertencia, sino cada vez más un voto de adhesión basado en la combinación de dos elementos: la cuestión social y la cuestión identitaria. Dicha combinación deja pocas posibilidades a otros candidatos, como Jean-Luc Mélenchon, que también han intentado captar este voto de “colère social”.

Bien, de ellos va a depender el resultado de la segunda vuelta. Según los primeros sondeos, parece que un 40% se decantarán por Hollande, aunque habrá que ver.

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