6 de mayo. Día de la madre. Dia, también, de la segunda vuelta de las presidenciales francesas, presidenciales serbias, municipales griegas e italianas. Voy a estar siguiéndolas desde mi twitter (@anapoloalonso) y desde aquí. 

Francia: Segunda vuelta de las presidenciales. 46 millones de franceses están llamados a las urnas. Se enfrentan Nicolas Sarkozy y François Hollande. De ganar Hollande, sería el primer socialista en ocupar el Palacio del Elíseo en 17 años. La última encuesta hecha en Francia (el viernes) le concedía una ventaja de entre 4 y 5 puntos. 

A las 8 tendremos las primeras estimaciones de voto (pero en Suiza publicarán un sondeo dentro de pocos minutos sobre el resultado francés). De momento tenemos la tasa de participación: a las cinco de la tarde era del 71,9%, menor que en las últimas presidenciales. Hace cinco años, a la misma hora, la participación era del 75%. Ahora bien, el 71,9% es mayor que la tasa de participación a la misma hora en la primera vuelta (22 de abril), que fue del 70,59%. 

 

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Obama busca slogan mientras las cosas se le complican

Tal y como el periodista Donovan Slack, de Politico, había comentado hace unos días, el equipo de Obama estaba teniendo bastantes problemas para encontrar un eslogan para la campaña.

Y es que, después del electrizante “Change We Can Believe In” (y el omnipresente “Yes We Can”)  que consiguieron movilizarnos y entusiasmarnos en el 2008, sin duda resulta más que difícil dar de nuevo con otra gran frase breve, directa, fácil de recordar y con un mensaje poderoso. Se han probado hasta la fecha diferentes frases, algunas con más fortuna que otras, pero todas descartadas ya:Winning the future”, “We can’t wait”, “An America Built to Last”, “An Economy Built to Last”, “A Fair Shot”.  Ninguna acaba de funcionar del todo, básicamente porque ninguna condensa todo lo que Obama representa, ha hecho y puede seguir aportando. Además,  ninguna de estas frases tiene fuerza simbólica porque todas remiten al pasado, son frases  a la defensiva y no sirven de “call to action”. Vaya, que no te animan a ir a votar, mucho menos te incitan a implicarte en la campaña.

El tema en sí preocupa porque este sábado comienza oficialmente la campaña de Obama (sí, en serio, hasta ahora sólo era un calentamiento). El sábado el Presidente dará dos mítines (uno en Ohio y otro en Virginia) y se supone que ya se debería tener una frase que explique qué se ha hecho, qué se hará de cara al futuro y que consiga ilusionar de nuevo.

Parece que el escogido finalmente será: “Forward” (hacia delante). Los pros: es sencillo, contundente y aporta un punto de optimismo. Demuestra que con Obama, y pese a los obstáculos, el país ha avanzado. La contra: es excesivamente ambiguo y puede ser utilizado en su contra. Además, mucha gente seguramente no lo percibirá como creíble. A mí, personalmente, no me acaba de gustar.

Quizás con la intención de dar contenido sustantivo a un concepto tan genérico como “hacia delante” es, el equipo de Obama lanzó el lunes 30 de marzo un vídeo online de 7 minutos de duración donde da cuenta de todos los retos ingentes con los que se encontró el Presidente al tomar posesión y explica cómo, con tesón y determinación, ha lanzado iniciativas valientes para ayudar a quienes peor lo están pasando. Todo ello, claro está, mientras el Congreso norteamericano (capitaneado por los republicanos) tan sólo boicoteaba por activa y por pasiva cada una de sus propuestas y se aferraba por defender a ultranza, y le costase al país lo que le costase, los derechos de los más poderosos.

El vídeo sigue la línea argumental que ya vimos en “The Road We’ve Travelled”, el magnífico documental de 15 minutos sobre la administración Obama que se lanzó hace un par de meses, pero no tiene, ni por asomo, su fuerza ni vitalidad. Es cierto que centra bien los mensajes y es también cierto que comienza tensionando al espectador, pero pronto entra en un ritmo aburrido y previsible. Los siete minutos, de hecho, se hacen muy largos (dudo que haya mucha gente que llegue al final).

¿Cómo han respondido los republicanos?

La verdad es que parece que los republicanos han decidido aprovechar el slogan demócrata a su favor. Así, inmediatamente después de que el vídeo “Forward” se colgase en Internet, el RNC (Comité Nacional Republicano) creaba un hashtag en Twitter (#Forward) que pronto se convirtió en Trending Topic en Estados Unidos. Obviamente, aquí más que cantar las alabanzas de Obama, se desmontan con tono irónico todos los supuestos logros del Presidente. Uno de los más retwiteados:

“Under Obama’s budget, Americans can look #FORWARD to $1,9 trillion in higher taxes”.

 

Ahí es nada. Por si no fuera poco, los republicanos han colgado un vídeo en YouTube demostrando que, con Obama, más que hacia adelante (forward) el país, según ellos, va hacia atrás (backward):

Por su parte, el candidato republicano a la Casa Blanca, Mitt Romney, no tardó en colgar un vídeo titulado “Broken Promises” en donde, en tan sólo un minuto, criticaba sin piedad todos los avances logrados por Obama.

¿Servirá todos estos esfuerzos para decantar la balanza electoral?

El camino de Obama a la reelección va a ser más difícil de lo que cabría esperar. Es cierto que el nivel de aprobación del Presidente ha resurgido poco a poco en los últimos meses. Si en verano se situaba en un peligroso 41%, ahora está en el 47%. Es, de hecho, el nivel más alto desde el mayo del año pasado, cuando se anunció la muerte de Bin Laden (entonces llegó al 50%).

Ahora bien, este avance en su popularidad no se está traduciendo en un avance en las encuestas de intención de voto. De hecho, a mediados de abril y según una encuesta de CBS News/New York Times, Mitt Romney y Obama estan empatados en intención de voto (ambos recibían el 46% de apoyo entre los votantes registrados). Esto supone un pequeño (y preocupante) cambio de tendencia, ya que las encuestas de marzo situaban a Obama ligeramente por delante (47% de apoyo frente al 44% recabado por Romney).

Hoy empieza, de verdad, la campaña. Habrá que ver cómo evoluciona.

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Francia 1 -España 0

Cuando los dos moderadores pusieron punto y final al debate ayer en Francia, aquí todos (sin excepción) asentimos: nos había parecido un debate fabuloso, con ideas, argumentos, propuestas y cifras. Y sin leer papeles en ningún momento, por cierto. Se habían contrastado dos modelos, cruzado críticas inteligentes y lanzado dardos dialécticos potentes. Había habido ironía, incluso cierto sarcasmo, la oratoria fluía y, aunque es cierto que las interrupciones entre ellos eran continuas, pensábamos que en general el nivel había sido altísimo. Una demostración de savoire faire que evidenciaba una cultura política, como la francesa, a la que aquí (y con toda la razón) reverenciamos. No es de extrañar, por tanto, que el comentario más asiduo en Twitter fuese precisamente: ¿por qué nosotros no tenemos debates así aquí?

Bien, cual ha sido mi sorpresa hoy cuando en la prensa francesa, de elogios, pocos. Más bien críticas al ambiente “tenso”, “áspero” y “crispado” que, según ellos, presidió el encuentro. No es una opinión aislada: “The Guardian” en el Reino Unido también considera que ha sido el debate más “agresivo” que se recuerda en los últimos treinta años y arremete contra el tono “excesivamente técnico” que reinó en todo momento. El alemán “Der Spiegel”  apunta en la misma línea y la BBC se ha descolgado con que “Sarkozy y Hollande se insultaron continuamente” y ha resaltado que hubo “momentos de cólera” donde los candidatos se acusaron de mentir.

Conclusión: qué mal debemos estar en España a nivel de cultura política cuando un debate que no ha despertado excesivas alabanzas aquí lo hemos ensalzado como modelo. Y qué poca altura intelectual y escaso fuste personal deben tener la mayoría (aunque no todos) de nuestros políticos cuando hemos salivado con envidia sana frente al ejemplo de dos candidatos que, tan sólo alargando la semántica, se pueden considerar auténticos estadistas.

Que estamos a años luz de lo que se supone que debería imperar en la esfera política es hoy, una vez más, dolorosamente evidente. Y obviamente preocupante.

Siempre he creído que en este país hemos pasado de los pesos pesados en la política (en prácticamente todos los partidos) a auténticos pesos pluma en un lapso muy breve de tiempo. Hay excepciones, por supuesto.  Afortunadamente siguen habiendo personas que merecen nuestra confianza, que tienen rigor y aplomo, valentía, tesón, determinación y una visión clara, aunque reconozco con pesar que desgraciadamente son eso: excepciones.

Volviendo al debate en cuestión, ¿hubo algún claro vencedor?

La respuesta es no, aunque hay que matizar. Según una encuesta hecha pública hace tan sólo unas horas y realizada por el instituto LH2:

►François Hollande ha resultado más convincente, serio y, sobre todo, sincero que Sarkozy.

►También el candidato francés ha sido valorado como el “más próximo a las preocupaciones de los votantes”, sobre todo en lo que respecta a la defensa de la educación y los derechos sociales.

►Ahora bien, Sarkozy gana en cuanto a “credibilidad” se refiere y también dio la imagen de ser “más competente” que el candidato socialista.

►En general, Sarkozy ofreció una imagen más “presidencial” que Hollande.

Es decir, el debate quedó en tablas. Ahora bien, hemos de tener en cuenta un elemento muy importante en todo debate electoral: la lucha de las expectativas. Y ahí Hollande ganó claramente porque demostró más solidez y firmeza de la que muchos esperaban y no cedió un ápice frente a los intentos de Sarkozy por desestabilizarlo. De hecho, el candidato socialista sorprendió a propios y extraños con un estilo combativo y un alud de argumentos y cifras que no daban pie a la tregua.

Y es que ése debía ser el objetivo: aguantar los envites y demostrar substancia. Sobre todo, demostrar substancia. Porque Hollande podrá ser percibido por muchos como el mesías que espera Europa, pero eran también numerosos los que se cuestionaba si una persona sin experiencia gubernamental notable podía hacerse cargo del país en unos momentos tan difíciles. Ahí estaba el quid: demostrar que dominaba los temas, que tenía un conocimiento pormenorizado de todo lo que acontece al país y, sobre todo, vencer en el juego de las expectativas y dejar claro que, sí, dialécticamente podía aguantar a “SuperSarko”.  Como Manuel Valls, Director de Comunicación de la campaña de Hollande, reconoció justo después del debate:

“Nicolás Sarkozy creía que lo iba a pulverizar, pero ha comprobado rápidamente que tenía delante de él una persona carácter y espíritu combativo”.

Gerard Courtois, director editorial de “Le Monde”, apunta en la misma dirección:

« Ayer Sarkozy necesitaba claramente demostrar que Hollande era demasiado flojo, demasiado “fuyant” (huidizo, disperso), demasiado poco experimentado para dirigir el país. Sarkozy necesitaba desestabilizar a Hollande, pero no lo consiguió “. 

Sarkozy intentó la técnica que tan bien le funcionó con Royale: pinchar al oponente para crisparle y, una vez caldeado el ambiente, surgir él como una voz de moderación y colocar una frase lapidaria incontestable. Bien, esta vez el tiro le salió por la culata: pinchó y crispó, es cierto, pero de moderación esta vez nada y no fue capaz de lanzar mensajes contundentes. Con excepción de unos pocos momentos puntuales, fue bastante a remolque y todos sus argumentos eran auto-justificativos. Al final, más que establecer una hoja de ruta para sacar al país del atolladero (y a Europa del abismo), tan sólo pareció una sombra de sí mismo que luchaba por defender una gestión en la que pocos en su país parecen creer. 

Para acabar, un apunte más que preocupante. Hoy son pocos en la prensa española los que destacan un hecho que a mí me dejó bastante estupefacta: Zapatero fue nombrado en más ocasiones que Merkel, y no precisamente para bien. De hecho, ambos candidatos se esforzaron repetidamente por alejarse lo máximo posible del ex-Presidente del Gobierno español. Sarkozy le echó en cara a Hollande que Zapatero es socialista y Hollande replicó a Sarkozy que él había puesto a Zapatero de ejemplo en numerosas ocasiones.

No soy, ni mucho menos, de las que defienden a Zapatero. De hecho, soy sumamente crítica con su gestión de la economía y no tan sólo en el segundo mandato. Creo que cometió numerosos errores, que actuó con irresponsabilidad en muchos frentes, que dio una lección de cobardía al no reconocer la crisis y que erró, vaya si erró, al prometer a bombo y platillo que su segunda legislatura sería “la del pleno empleo”. Zapatero nos dejó al borde del precipicio en lo que a economía se refiere. Y, sin duda lo más curioso, más que atacar los males del país con políticas keynesianas y apostar por soluciones socialdemócratas, se decantó en los últimos años por políticas de claro corte neoliberal que no hicieron sino agravar todos los males. Para echar más leña al fuego, incluso se atrevió a cambiar de la noche a la mañana la Constitución, sin un debate pormenorizado y siguiendo a pies juntillas los dictados del BCE, que se ve que ahora puede recomendar cambios institucionales.

Insisto: no soy precisamente una fan suya. Ahora bien, que en un país extranjero se ataque virulentamente a un ex-Presidente del Gobierno español tampoco me parece de recibo. Aunque solo sea por respeto institucional, se deberían mantener las formas y no emplear a un político democrático extranjero como “carnaza electoral”.

Más allá de este punto en concreto, los esfuerzos que ambos candidatos destinaron para alejarse al máximo del modelo español sólo apunta en un sentido: que en Francia ven a España como un país, no ya en graves aprietos, sino directamente para el desguace. Así nos va.

 

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A la caza del votante online

Roser Reeves, un visionario publicista estadounidense de la década de los cincuenta, introdujo un elemento revolucionario en las campañas: el spot televisivo. Fue él quien convenció al equipo de Eisenhower allá por 1952 de que la televisión tenía que jugar un papel fundamental en la carrera hacia la Casa Blanca, pero que no cualquier mensaje servía. Tenían que ser mensajes breves y personales.

Aquella innovación fue crucial y, a partir de aquella contienda, los anuncios políticos televisivos se convertirían en un elemento crucial. Pues bien, ahora parece que la publicidad televisiva está llegando a su ocaso.

Después de tanta profecía, Internet (ahora sí, por fin) se ha hecho con el control absoluto.

Y es que los hábitos de los consumidores (alias, votantes) han cambiado tanto en tan poco tiempo que ya parece poco inteligente centrarse en la televisión. La clave ahora está en perseguir a los votantes a través de las redes sociales, blogs, ediciones online de diario y, por supuesto, a través de YouTube. O, siguiendo la vieja máxima política de que “cualquier campaña ha de salir siempre a buscar al votante, nunca al revés”, ahora hay que ir a buscarlo donde realmente está: en Internet.

  • Según una encuesta realizada por la consultora Targeted Victory, 1 de cada 3 votantes en Estados Unidos no habían visto la televisión durante toda la semana anterior a ser consultados.
  • Además, el 70% de los votantes de Carolina del Sur reconocieron haber empleado Internet como su principal fuente de información sobre las primarias republicanas.

Desconocidos, sí, pero creíbles

Que Internet sea ahora el rey indiscutible no quiere decir que cualquier estrategia online sirva. Es más, el hecho de que tengamos una cuenta en Twitter, actualicemos regularmente el Facebook o que colguemos un video no nos asegura por sí mismos conseguir votantes. Ni mucho menos.

Según el “Global Trust in Advertising Report” de Nielsen, hay una serie de datos a tener muy en cuenta:

  • La principal fuente de lo que percibimos como “información creíble” nos llega de familiares y amigos: el 92% de los consumidores sigue confiando por encima de todo en las opiniones vertidas por su círculo de personas más allegadas.
  • Ahora bien, la segunda fuente de “información creíble” es ya Internet y, más concretamente, las opiniones que otros consumidores cuelgan en la web. El 70% de los consumidores consideran que esta información es veraz y, por tanto, se puede confiar en ella.
  • Antes de que los “online consultants” se pongan a descorchar botellas de champán: según el estudio de Nielsen, sólo el 36% de los consumidores se creen los mensajes que les llegan a través de los vídeos corporativos online y sólo el 29% confían en los mensajes de texto que les llegan a los móviles.

Por tanto: credibilidad de las fuentes. Ahí está la clave.

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Francia, ¿camino del cambio?

Parecía, más que una noche electoral más, un auténtico plebiscito sobre el futuro de Europa. Al menos, esa era la sensación a tenor de la cobertura mediática y la atención que la primera vuelta de las presidenciales francesas despertó ayer. Medios de comunicación en Bélgica y Suiza hicieron sondeos a pie de urna en Francia, Twitter comentaba los resultados en varios idiomas y los periódicos estadounidenses, británicos y, sobre todo, alemanes no escatimaron recursos para relatar al detalle todo lo que sucedía al minuto. Al final, cuando se cerraron los colegios electorales y se comenzó el recuento de votos, ya llevábamos tanto tiempo recibiendo información y previsiones que todos esperábamos que simplemente se certificara el resultado pronosticado de antemano y que ya ocupaba todas las portadas de diario.

Pero no, hubo sorpresas. Y algunas dejaron un regusto más que amargo.

¿Victoria socialista o derrota de Sarkozy?

Es cierto que se cumplieron todas las quinielas en cuanto a que François Hollande se hizo con la victoria. Consiguió el 28,6% de los votos mientras que Sarkozy se quedó en segundo lugar con el 27,2%. De hecho, Sarkozy es el primer Presidente en funciones que pierde la primera vuelta de unas elecciones presidenciales desde que se inauguró la V República Francesa en 1958 (Giscard d’Estaigne ganó la primera vuelta en 1981 aunque perdió en la segunda frente a Mitterrand).

Todos los medios de comunicación hablan de “Referéndum contra Sarkozy” y de “voto de castigo” contra el actual Presidente. No en vano, según una encuesta de IPSOS sobre la intención de voto realizada entre el 19 y el 21 de abril, el 53% de los votantes reconocían ya que “iban a votar en contra de Sarkozy”.

Siendo ecuánimes, no obstante, hay que reconocer que la remontada de Sarkozy en las encuestas en los últimos meses ha sido espectacular y también sin precedentes. De hecho, la diferencia entre el Partido Socialista y la UMP ayer fue tan solo de 560.000 votos y el 27,2% de los votos cosechados por Sarkozy es mejor que el que obtuvo Jacques Chirac en la primera vuelta del 2002 (19,9% de los votos).

Entre la admiración y la estupefacción (y honda preocupación)

Bien, Hollande gana el primer round, tal como se había previsto. Pero lo previsible acabó aquí.

La primera sorpresa vino de la mano de un hecho agradable (y ejemplar). A pesar de que los franceses habían reconocido que esta campaña les aburría y no les despertaba el más mínimo interés, la participación fue altísima, de más del 80%. Es cierto que es ligeramente inferior a la registrada en el 2007 (cuando Sarkozy derrotó a Royal), pero si obviamos esta fecha, la tasa de participación de ayer sería la más elevada desde 1981.

La segunda sorpresa no fue agradable. De hecho, fue más que preocupante. La extrema derecha experimentó su mejor resultado que se recuerda: Marine Le Pen se hizo con el 17,9% de los votos, superando así  incluso al resultado que obtuvo su padre, Jean-Marie, en el 2002 (17%). Recordemos que en el 2002 y contra todo pronóstico Jean-Marie Le Pen se hizo con el segundo lugar en la primera vuelta (superó a los socialistas capitaneados por Lionel Jospin) lo que provocó una inmensa conmoción en toda Europa. Ahora su hija no se ha hecho con el segundo lugar, pero en sus electores parece estar la clave de la segunda vuelta.

Tercera sorpresa: en el flanco de izquierdas, Jean-Luc Mélenchon, del Front de Gauche, se tenía que conformar con un resultado más discreto de lo que las encuestas auguraban. Se quedó en el cuarto puesto y el 11,1% del total de votos (se esperaban el 15%). Mirando el vaso medio lleno: es el mejor resultado que obtienen los comunistas en 30 años (aunque lejos del 15,35% de los votos que obtuvo Georges Marchais en 1981). Mirando el vaso medio vacío: se esperaba mucho, muchísimo más. Mélenchon domina la oratoria, a todas luces ha sido quien mejor campaña ha hecho y en los últimos días el número de asistentes a sus mítines no paraba de incrementarse. Todo pronosticaba una gran victoria y, frente a las expectativas, el resultado final ha sabido a poco.

Los invisibles alzan su voz

Nadie lo había anticipado. El auge del voto a la extrema derecha ha sorprendido tanto como ha preocupado. “La Francia de los invisibles”, como la ha denominado “Le Monde”, ha sido sin duda la gran protagonista de estas elecciones.

Es cierto, todo hay que decirlo, que algunos académicos (como los sociólogos Philippe Guibert y François Miquet-Marty) ya habían advertido que había un fenómeno latente que había que monitorear con detenimiento. Es el de la “France périphérique”, un grupo demográfico situado sobre todo en el mundo rural y en los suburbios urbanos, que padecen mayores tasas de paro e ingresos substancialmente inferiores a la media. Son personas de entre 25 y 44 años, fundamentalmente “obreros” cuyas máximas preocupaciones son (por este orden): la inmigración, la seguridad y el poder adquisitivo.

Según un brillante análisis hoy en “Le Monde”, este grupo representa aproximadamente al 40% del electorado y no se reconocen ni de derechas ni de izquierdas.

 “Para estos “invisibles” solo hay dos posibilidades: o la abstención masiva o el voto al “Front national” [el partido de Le Pen]. Ya se había notado el poder de atracción de Marine Le Pen sobre este electorado, pero también se había constatado que el voto al FN no sólo era un voto de castigo o de advertencia, sino cada vez más un voto de adhesión basado en la combinación de dos elementos: la cuestión social y la cuestión identitaria. Dicha combinación deja pocas posibilidades a otros candidatos, como Jean-Luc Mélenchon, que también han intentado captar este voto de “colère social”.

Bien, de ellos va a depender el resultado de la segunda vuelta. Según los primeros sondeos, parece que un 40% se decantarán por Hollande, aunque habrá que ver.

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Elecciones presidenciales francesas: sorpresas en la cuenta atrás

Desde el inicio de la crisis del euro, los votantes europeos han castigado duramente en las urnas a los partidos en el poder. Ahora que tan sólo quedan tres semanas para la primera vuelta de las elecciones presidenciales (previstas para el 22 de abril) la gran pregunta es: ¿Francia se sumará a esta tendencia o será una excepción?

Economía, economía y más economía

Es el tema que más preocupa a los franceses y el que centra la campaña. A pesar de que algunos comentaristas apuntaron que los desgraciados y execrables hechos de Toulouse darían más peso a los issues de seguridad e immigración, lo cierto es que las encuestas realizadas días después de la terrible masacre dieron cuenta de que estos hechos habían dolido profundamente a los franceses, pero que éstos seguían considerando que la economía debía centrar la campaña presidencial.

Porque, desde luego la economía del país galo pasa por momentos difíciles. El semanario británico “The Economist” se descolgó la semana pasada con un enjuicioso artículo (y una maravillosa portada emulando al icónico “Dejéneur sur l’herbe” de Manet) en donde no dejaba títere con cabeza y analizaba minuciosamente y con mirada crítica los retos actuales del país:

►► Radiografía de un país

Lo bueno:

  • Es cierto, Francia, a pesar de que las agencias de rating rebajaron su codiciado status de AAA a AA, sigue colocando su deuda a tipos de interés substancialmente más bajos que el resto de países mediterráneos (aunque más que Alemania, todo hay que decirlo).
  • Cuenta con una población bien formada y tiene empresas de prestigio a nivel internacional.
  • Sigue teniendo una ratio de productividad elevada, aunque en el año 2000, los costes laborales por hora en Francia eran un 8% menos que en Alemania y ahora son un 10% más.

Los retos:

  • Cito textualmente a “The Economist”: “Los fundamentos no son tan optimistas. Francia no ha cuadrado sus cuentas desde 1974. La deuda pública se sitúa en el 90% del PIB y sigue subiendo. El gasto público, del 56% del PIB, es uno de los mayores de Europa –incluso superior al de Suecia [la media de la OCDE es del 43,3%]”.
  • Los bancos no tienen suficiente capital.
  • La tasa de paro es la mayor que ha registrado el país desde finales de los noventa y no ha bajado del 7% en los últimos treinta años (ahora es del 10%, en Alemania es del 5,3%).
  • Las exportaciones se han estancado mientras en Alemania se han disparado.
  • Francia tiene ahora el mayor déficit por cuenta corriente en términos nominales de toda la zona euro.

Por si todo esto no fuera suficientemente malo, según The Economist, “Francia, con un crecimiento errático y si acometer reformas, puede que se encuentre dentro de poco en el centro de la próxima crisis del euro”.

¿Sorpresas contra todo pronóstico?

Dado el panorama económico, lo normal sería pensar que Nicolás Sarkozy no tiene ninguna posibilidad para revalidar su puesto. Ahora bien, las encuestas demuestran que quizás haya alguna sorpresa. Las elecciones presidenciales francesas se celebran en dos vueltas: la primera, prevista para el 22 de abril, donde participan todos los candidatos, y la segunda, el 6 de mayo, donde sólo concurren los dos candidatos más votados en la primera vuelta.

Pues bien, pese a lo que nos podríamos pensar, la primera vuelta está muy reñida y en estos momentos las encuestas hablan de un posible empate entre Sarkozy y François Hollande, incluso de una tímida ventaja del primero. En la segunda vuelta, sin embargo, Hollande todavía mantiene el liderazgo pero la distancia entre ambos se está acortando.

Sarkozy ha dado un salto histórico: a finales de febrero (unos días después de anunciar oficialmente y por televisión que se volvía a presentar), el actual Presidente parecía que no tenía ninguna posibilidad. Contaba con el 25% de intención de voto en la primera vuelta y el 41% en la segunda. Demasiado alejado del socialista Hollande como para soñar con una remontada. En esto, Sarkozy rompió moldes: en Francia los Presidentes que repiten en el cargo se benefician de una inmediata remontada en las encuestas después de anunciar que se vuelven a presentar (una de las pocas excepciones la protagonizó François Mitterrand en 1988). Al cabo de unos días, eso sí, las encuestas volvían a bajar.

Ahora bien, no tuvo un repunte inicial, pero en una suerte de revancha, Sarkozy ha dado el mayor salto en las encuestas en un mes que se recuerda: de febrero a marzo ganó 2,5 puntos (pasó del 25% al 27,5% de votos en la primera vuelta). Como explica Le Monde, “Ni Valéry Giscard d’Estaign en 1981, ni François Mitterrand en 1988, ni Jacques Chirac en 2002 registraron una subida tan pronunciada un mes después de anunciar su nueva candidatura”.

Eso sí, de confirmarse este resultado, aun siendo sumamente beneficioso para él, supondría un claro retroceso respecto a lo que obtuvo en las últimas presidenciales (2007): el 31,2% de los votos en la primera vuelta.

François Hollande pierde terreno. En febrero estaba en el 30% de intención de voto en la primera vuelta. Ahora está en el 28,5%. No es un mal resultado para los socialistas en perspectiva histórica (recordemos que en el 1981, Mitterrand obtuvo el 25,8% de los votos), pero sin duda marcan un claro retroceso respecto a las expectativas iniciales.

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Un día para la esperanza

Una niña acude a un mitin de Suu Kyi (Soe Than Win/AFP/Getty Images)

Sus esfuerzos, y los de todas las personas que la rodean, merecen nuestro aplauso y sincera admiración. Porque no podemos dudar que la vida de la Premio Nobel de la Paz birmana Aung San Suu Kyi ha sido un auténtico calvario en los últimos años. Y que la de sus seguidores no ha sido, ni mucho menos, más fácil.

Hija de Aung San, quien condujo el país a la independencia y está considerado como un héroe nacional, Suu Kyi ganó por una amplia mayoría las elecciones en su país en 1990. La Junta Militar que gobierna el país (el ejército dio un golpe de Estado en 1962) no aceptó los resultados de las urnas y confinó a “La Dama”, como la conocen en su país, a quince años de arresto domiciliario. Finalmente, en noviembre del 2010, después de unas elecciones muy criticadas en donde el propio régimen aceptaba la creación de un parlamento civil (formado, eso sí, en la práctica totalidad por ex generales de la Junta), Suu Kyi fue liberada de su condena.

Además, el régimen comenzó a dar signos de apertura que hicieron pensar que el proceso hacia una transición democrática estaba en marcha: se amnistiaron cientos de prisioneros políticos, se relajó la censura mediática (aunque no se eliminó) y se legalizaron los sindicatos.

Hoy se da un paso más.

Hoy se celebran en este país asiático elecciones en 45 circunscripciones electorales. El resultado, es cierto, no modificará un ápice la estructura de poder (el Parlamento tiene 650 escaños, el 80% de ellos ocupados por miembros del Partido Unión, Solidaridad y Desarrollo, actualmente en el poder). Ahora bien, estas elecciones por sí mismas ya marcan un hito simplemente por celebrarse. Son un símbolo, un símbolo poderoso, de que algo está cambiando. El partido de Suu Kyi ha concurrido a estas elecciones y, por las informaciones que estamos recibiendo, puede que incluso la líder birmana ocupe un escaño en el Parlamento.

El sueño de ver una Birmania democrática está un poco más cerca de hacerse realidad.

Para celebrarlo, The Boston Globe ha seleccionado un conjunto de fotografías que una belleza extraordinaria que reflejan la realidad del país. Os dejo algunas:

Un pescador en el puerto de Yangon (STR/AFP/Getty Images)

Staff/Reuters

Soe Than Win/AFP/Getty Images

Staff/Reuters

Ye Aung Thu/AFP/Getty Images

 

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